La tía Malicia

Fue ayer a contarle todos sus pecados a Santa Rosita de Lima. El problema es que no le pidió perdón. Así es la tía Malicia, olvidadiza, distraída. Casi no tiene amigos y menos amigas, porque las mujeres la consideran chismosa, chinchosa, metecuentos. “Ahí viene la tía Malicia, esa que solo sabe joder”, murmuran.

| 31 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Nadie sabe su verdadero nombre porque nadie le ha preguntado. El último que le preguntó en el barrio se arrepintió de hacerlo porque ella le dijo: “A ti qué te importa, idiota”.

La tía Malicia llegó al barrio hace poco desde Puente Piedra, donde vendía anticuchos junto al puesto de la tía Veneno en el mercado Huamantanga. Su pasado debe ser muy oscuro porque no quiere decirle a nadie lo que ha padecido.

Vive en un cuartito de la quinta y por las tardes sale a conversar con las señoras solteronas sobre sus cosas como para matar la tristeza y son las mismas señoras las que le han hecho la fama de que es chismosa, chinchosa, metecuentos.

Me dijeron que dejó Puente Piedra porque volvió al mercado Huamantanga su esposo, un señor grandote llamado Pedro, quien le había hecho mucho daño. Su llegada al barrio, dicen algunos, es una forma de escapar del amor como si eso pudiera hacerse.

Con Pedro tuvo un amor tormentoso cuyo resultado fue tres hijos y una hija hermosa, Rita. Ya todos están grandes, cada uno con su vida hecha. Aunque Rita se ha metido en un grave problema. Todo iba bien hasta que Pedro la engañó con una verdulera del mercado.

Ella estuvo a punto de perdonarlo, pero no lo hizo porque se enteró que el hijo de la verdulera con su esposo se había enamorado de su hija Rita.

Las señoras solteronas del barrio indican que ella casi se vuelve loca al enterarse de la noticia y por eso la comprenden; sin embargo, dicen que es chismosa, chinchosa, metecuentos. Hay algo más.

Una de las señoras solteronas me dijo ayer que le dicen la tía Malicia porque ella antes de casarse con Pedro, tuvo amores con su padrastro. Dicen que hasta llegó a abortar un hijo no deseado. “Todo se paga en este mundo”, me dijo la solterona. La tía Malicia por eso fue ayer a contarle todos sus pecados a Santa Rosita de Lima. El problema es que no le pidió perdón. Así es la tía, olvidadiza, distraída.


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