La tentación de cambiar la historia

Cambiar el pasado siempre ha sido una tentación casi irresistible. De hecho, se registra versiones de grandes epopeyas –incluyendo la hiperfamosa Iliada, que afirman fue mandada reescribir por el tirano griego Pisístrato. Y recuerde solamente a los soviéticos, que mandaban rehacer la Historia de la URSS para hacer desaparecer a unos y engrandecer a otros. Los ejemplos sobran.

Por Diario La Primera | 06 set 2008 |    

Pero nadie, felizmente (que sepamos) puede alterar los periódicos, que están ahí en los anaqueles de la hemerotecas a disposición de quienes desee conocer el pasado contado por los periodistas.

Alguien reflexionaba sin embargo si las nuevas tecnologías permitirían cambiar contenidos en las versiones digitalizadas, como ya se le ocurrió al inglés George Orwell para su novela “1984”.

Recordemos que el personaje central de la obra, Winston Smith, era el encargado de los cambios. Orwell describe así su trabajo:

“... En cuanto se reunían y ordenaban todas las correcciones que había sido necesario introducir en un número determinado del ‘Times’, ese número volvía a ser impreso, el ejemplar primitivo se destruía y el ejemplar corregido ocupaba su puesto en el archivo.

Este proceso de continua alteración no se aplicaba solo a los periódicos, sino a los libros, revistas, folletos, carteles, programas, películas, bandas sonoras, historietas para niños, fotografías... es decir, a toda clase de documentación o literatura que pudiera tener algún significado político o ideológico.Diariamente, y casi minuto por minuto, el pasado era puesto al día...”..

Parecería que nos estamos enfrentando a un proceso semejante liderado por sectores ultraconservadores del Partido Aprista que han sacudido los huesos del viejo MacCarthy, desatando una persecución ideológica en el Ministerio de Educación.

Felizmente, repito, ahí están los periódicos, diarios y revistas, que cuentan del primer gobierno de Alan García y de sus actuaciones en relación a los Derechos Humanos, los sangrientos asaltos gubernamentales a las cárceles, la inflación, etc.

Pero estemos atentos. Los Cabanillas y otros quisieran cambiar la historia. Así que si usted tiene diarios antiguos en su casa, guárdelos: serán un tesoro.


    Juan Gargurevich

    Juan Gargurevich

    Opinión

    Columnista