La soledad de Viviana

Los que la conocen desde niña indican que Viviana quedó psicológicamente mal desde aquella infausta tarde en que vio morir en sus brazos a su novio, a dos semanas de su matrimonio. “No es la misma desde entonces”, señalan. “Antes era alegre, una chica normal, como cualquiera de su edad”.

| 19 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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Otros dicen que siempre ha sido extraña y que por eso, a sus 16 años, aceptó casarse con un joven de 35 de quien estaba locamente enamorada desde los 13. “Me casaré con él aunque mis padres se opongan, me casaré con él porque él también ama a los gatos y ama los libros como yo”, le dijo llorando a su amigo Fidel luego de contarle que sus padres se oponían a la boda.

A los pocos días de su boda, desde una moto, un sicario le disparó a su novio cinco balazos en el pecho. Las investigaciones policiales no llegaron a determinar quién lo mandó a matar.

Desde aquella tarde en que vio morir a su novio en sus brazos, Viviana va por las calles como si buscara algo, como si tuviera la ilusión de encontrarlo por alguna esquina o en un parque jugando con un gato o leyendo un libro.

Tiene apenas un amigo, Fidel, quien preocupado por ella me cuenta la historia. Dice que ahora vive sola desde que consiguió trabajo en la biblioteca municipal de su barrio y se ha alejado de sus padres porque “ellos no la entienden ni un poquito”. “Prefiero estar sola, viviendo con mi novio gracias a los recuerdos”.

Fui a hablar con ella a pedido de Fidel. Ambos tocamos una puerta de lata en una calle de un barrio popular. Pasamos a su casa. Lo único que hay en este lugar son fotos y más fotos de su novio. Hay fotos de todos los tamaños y todos los colores. Hay incluso banderolas con su cara y su nombre pintado en las paredes. Hay también libros por todos lados y algunos gatos durmiendo sobre los estantes.

—Ya deja de mirar, ¿qué quieres? —me dijo.

—Yo solo acompaño a tu amigo.

Fidel dijo: “Tranquila, Viviana, solo venimos a acompañarte un rato. No te pongas así”. “Bueno, ya pasó el rato”, respondió y cogió una tijera para cortar césped.

Salimos de la casa y después de tirarnos la puerta soltó una carcajada.

—Oye, esa chica está grave.

—En el fondo es buena.

—Supongo que el tiempo lo hará olvidar a su novio.

—A veces, el tiempo no hace lo que debe.

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