La silla del Inca (fail)

Sigo escribiendo sobre Danielito, un niño que trabaja de guía en el cerro Santa Apolonia, en Cajamarca, quien da cátedra bajo el cielo brillante soleado.

Por Diario La Primera | 05 ago 2010 |    

“A esta piedra se le llama la silla del Inca. Los españoles vinieron y la vieron y como hay tres descansos pensaron que el Inca se sentaba en medio de sus dos mujeres. Desde ahí viene la tradición de las sillas del Inca. Pero éstas nunca fueron las del Inca, fueron sólo altares que servían para hacer sacrificios a sus dioses: Si la sangre de los venados, alpacas, vicuñas, y cuyes silvestres llenaba esas pocitas cóncavas, era signo de buena cosecha o hará buen tiempo. La antigüedad de la piedra tiene 1,250 años A.C. Lo que viene a ser pre inca, antes de la cultura Caxamarca. ¿Ve ese anaranjado que cubre casi toda la piedra? Es como su cáncer, cada día lo va deteriorando y lo va achicando. La silla del Inca es natural. Lo que sucedió es que el Inca nunca vino a este cerro. No le dieron tiempo, porque estuvo en Cajamarca sólo un día, y después se fue a los baños termales y de ahí a la Plaza de Armas donde los españoles lo capturaron”. Danielito gira en su eje y señala un cerro: “Ese cerro es la Chicuana, es una palabra que significa látigo, o castigo o división de caminos. Por ahí ingresaron los españoles un 16 de noviembre de 1533. Fueron 180 españoles al mando de Francisco Pizarro, con el traductor Felipillo. Llegaron pensando que el Inca se encontraba acá, pero se encontraba en Pultumarca (Baños del Inca). Atahualpa venía del Cusco después de la guerra civil con su hermano Huáscar. Pizarro le manda una invitación; Atahualpa llega a la Plaza y se siente engañado…” (continúa mañana; es por entregas, pe)

    Luis Torres Montero

    Luis Torres Montero

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