La siguiente batalla: el rumor

El rumor, especulación, afirmación falsa sobre algo o alguien surge cuando la falta de información favorece la zozobra… o cuando se lanza con intención política y como parte de una campaña de propaganda.

Por Diario La Primera | 25 set 2010 |    

En el primer caso es conocida la historia de la “clínica de rumores” que organizó el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra por la alarmante cantidad de informes falsos que volaban en los batallones creando a veces hasta pánico. La solución fue entrenar a soldados como “escuchas de rumores” que avisaban apenas recibían “un buen dato”. Al día siguiente, el poderoso aparato informativo oficial se encargaba de desmentir la especie y disolver la intranquilidad.

Durante las campañas electorales también se dan ambas posibilidades y se acentúa la propagandística, es decir, el sembrado de afirmaciones que no resisten análisis pero que están basadas en la vieja comprobación de que la gente ve lo que quiere ver y escucha lo que quiere escuchar. El rumor, especialmente en sectores conservadores, refuerza posiciones. Y en sectores poco informados, confunde y desconcierta.

En días pasados estuvimos en un café sanisidrino y al traer la cuenta, el mozo comentó -“Qué le parece, se acercan las elecciones...”. Fue inevitable asentir y el hombre siguió: “Por quién votaremos, porque Susana es media terr..”. Ahí lo detuvimos con un enérgico “Alto ahí maestro…Susana no es terruca… es un rumor malintencionado que están difundiendo sus enemigos”. Y cuando lo comentamos con amigos, nos contaron que tenían la misma experiencia, en ese café y en otros.

La molestia de taxistas como propaladores de rumores es antigua y en una época era inevitable la monserga política que –se aseguraba- nacía del aparato de propaganda del partido aprista. Ahora, cuando cualquiera puede ser taxista con sólo colocar un cartel de plástico, las campañas vía taxistas han disminuido.

Todo indica que han aumentado en cambio las peluquerías de ambos sexos como zonas claves para regar infundios.

Hace unos meses, San Isidro fue invadido por rumores sobre su alcalde: “Padece cáncer terminal… se ha comprado una mansión en Miami… tiene cuentas en Suiza… cobra comisiones millonarias…”. Y cuando Antonio Meier anunció que no iría a la reelección los rumores cesaron tan rápido como comenzaron y se desviaron hacia otros pretendientes al opulento sillón del distrito más rico del país.

La batalla para la Alcaldía de Lima se ha vuelto tan ardorosa que debemos esperar cualquier cosa, incluyendo rumores a los que habrá que estar atentos pues un infundio no bien desmentido es un poderoso enemigo.


    Juan Gargurevich

    Juan Gargurevich

    Opinión

    Columnista