La sartén por el mango

La infraestructura energética siempre necesita crecer, porque: (i) tiene que atender un crecimiento vegetativo por aumento poblacional; (ii) tiene que ampliar su frontera, llevando el servicio a quienes no lo tienen, en un proceso de inclusión social; y (iii) tiene que atender el crecimiento del aparato productivo, como son por ejemplo las nuevas demandas industriales y mineras.

Por Diario La Primera | 08 jul 2008 |    

A inicios de 1990 la infraestructura energética del Perú estaba en situación crítica, tras un quinquenio de insuficiencia de mantenimiento y de inversión y con precios subsidiados que agobiaban a sus dos principales empresas, ambas estatales: Petroperú y Electroperú. Electroperú soportaba además la constante destrucción de sus torres de transmisión, a manos del terrorismo.

Se requería urgentemente nueva inversión, para mantenimiento y crecimiento. El Estado carecía de recursos. La única vía era atraer al capital privado, traspasándole la propiedad y la tarea del crecimiento. El traspaso de propiedad fue la etapa de venta de activos o proceso de privatización; permitía al Estado recuperar recursos a reemplazar por inversión privada, para dedicarlos a otras necesidades, incluido el gasto social.

Empero, la tarea difícil no era vender. Lo difícil e importante era garantizar la inversión en ampliación: una cosa es comprar lo que está funcionando, que inmediatamente genera ingresos por ventas; y, otra muy distinta, es invertir en algo nuevo - durante 2, 3 o más años - para recién después tener ventas.

¿Cómo se logró? Se requería un nuevo marco legal. Éste fue dado por la Ley de Concesiones Eléctricas, sus modificatorias y complementarias. Una ley específica es la expresión de una política. No se puede decir con propiedad “no existe política energética”. Que sea inadecuada, es asunto distinto.

Establecer una política es marcar un rumbo. Los objetivos señalan el destino al cual se quiere llegar. Se selecciona una ruta, con metas progresivas. Se vigila la ruta, para determinar correcciones. Las metas intermedias son hitos que indican si la ruta va bien.

El rumbo se marca mediante señales, que orientan las acciones de los protagonistas principales. Las señales se expresan mediante reglas de juego, construyendo un marco legal. Las señales deben ser simples y estar en consonancia con las leyes de la naturaleza y de la economía; éstas demarcan el límite de poder del hombre, porque no puede derogarlas. Cuando se percibe señales erráticas y que la sartén no parece asida por el mango, hay que preocuparse. El reciente D.L. 1041 contiene de qué preocuparse.


    Carlos Herrera Descalzi

    Carlos Herrera Descalzi

    Opinión

    Columnista