La sagrada familia

Esta es una historia de pequeñeces. Y aunque este periódico no llega a Arequipa, vuelvo temáticamente a esa ciudad entrañable.

| 27 setiembre 2008 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.7k Lecturas
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Sucede que don Jorge Turpo dirige el semanario “Vistaprevia”, una publicación arequipeña que hace poco reveló el cutra-doctorado del doctor César San Martín (por supuesto, exculpado después por el Consejo Nacional de la Magistratura).

En estos últimos días, el señor Turpo ha descubierto algo más sabroso que un cartón hecho con babas. Es una petit histoire que, sin embargo, ayuda a entender el porqué de algunos maquillajes.

La cosa empieza con el Club Internacional de Arequipa, una especie de Regatas mistiano pero con mayores pretensiones. Digamos que no hay arequipeño que se respete que no quiera ser miembro de esa sociedad.

Pues bien, el presidente elegido de ese club es el señor Enrique Valenzuela Valencia, o sea el hermano de nuestra Barbara Walters doblada al español y en latina frecuencia.

Hace poco, la directora de “La ventana indiscreta” llegó a su tierra natal y amadrinó la inauguración de dos canchas de tenis construidas por su hermano-presidente. Digamos que años de hacer andinismo en la escala social, años de desembarazarse de la proba humildad de “El piojo”, años de espera pundonorosa culminaron aquella jornada grabada por las cámaras de “La ventana...” y transformada, más tarde, en un reportaje sobre el éxito empresarial y la alegría de la fraternidad.

Pero ocurre que aquel comentado cherri de entrecasa le ocultó a los televidentes algunas incomodidades que sufre el hermano de nuestra Oriana Fallaci aun sin editar.

Lo que el programa no comentó fue que para construir las dos canchas de tenis, Enrique Valenzuela hizo talar 24 bellos y viejos árboles. Fue tal la indignación del ecologismo arequipeño, que intervino el ministerio público y la municipalidad de Arequipa multó al sudoroso tenista-presidente con 82,800 soles. Es decir, no lo multó a él sino a la institución que él quiere “hacer más grande”.

Más tarde, Enrique Valenzuela mandó construir un tercer piso y no se le ocurrió mejor asunto que no pedir permiso municipal. Pues al club le cayó otra multa, esta vez de 8,000 soles.

Casi de inmediato, Enrique Valenzuela tuvo otra idea genial: remodelar la piscina temperada, también “para hacerla más grande”. Pero como parece gozar instalado en la informalidad –a despecho de sus esfuerzos por graduarse de caballero sureño-, hizo la dicha remodelación sin contar con el imprescindible permiso municipal. Así que al Internacional le cayó una tercera multa de 20,000 soles.

El alcalde Simón Balbuena es socio del “Club Internacional”, pero aun así ha mandado a Cobranzas Coactivas esas multas que Valenzuela, quizá envalentonado por el indiscutible poder adjunto de su hermana, se niega a pagar. Y estamos hablando de 110,000 soles.

Como Valenzuela no quiere pagar y no quiere pagar, un miembro de su ahora encumbrada familia le ha aconsejado, al parecer, tomar la ofensiva. Así que Valenzuela ha enjuiciado al municipio que lo multó por ilegal y encima está pidiendo 550,000 soles por “daños y perjuicios”. Y el alcalde está asustado por la artillería que, desde el canal de Ivcher, puede lanzarse en su contra. Y ya sabemos que a la hora de escarmentar a algún enemigo del canal o la familia, la directora de “La ventana...” le cierra la puerta a las razones.

Como me dice el colega Turpo en su deliciosa carta, lo más oloroso de todo este pequeño incidente es que Valenzuela (hermano) remodela piscinas y fomenta el tenismo mientras el club sigue careciendo de una planta de tratamiento de los desagües. Lo que quiere decir que la caca de los 20,000 socios del “Internacional” sigue deslizándose, en orden aleatorio y por gravedad, hacia el muy castigado y cada vez más denso río Chili.

He caído en este recuento de insignificancias sólo para demostrar cómo es que la familia es, hasta para las frías estrellas de la comunicación, lo más importante del mundo. O sea “el núcleo de la sociedad”, como también decía Manuel Apolinario Odría.

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Al terminar estas líneas me entero, gracias al blog de Paola Ugaz, que el director de “El Comercio”, Alejandro Miró Quesada Cisneros, ha renunciado y que con él se irá también Bernardo Roca Rey. Asumiría –y hasta ahora no me lo creo- Francisco Miró Quesada Rada, un hombre decente. Si es así, felicitaciones. Se han librado de un lastre que tenía, como en la película, el olor del dinero. ¿Y Friz Dubois, el embajador de Bush en la redacción? Dicen que también se irá. ¿Puede haber tanta buena noticia en una sola noche? Veremos.

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César Hildebrandt

Opinión

Columnista