La revolucion ciudadana de Correa.

Rafael Correa ganó las elecciones con más del 56% y arrebató a la oposición todos sus reductos. Ahora tendrá más poder concentrado, contará con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional para aprobar las leyes del reparto de tierras, de la soberanía alimentaria, de las comunas y de los recursos hídricos, todas fundamentales para la reforma agraria. También la temida ley de democratización de la propiedad de los medios, de la concesión de frecuencias y de la información para propiciar emisores públicos, comunitarios y privados.

| 23 febrero 2013 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Un tsunami político está a las puertas del país norteño. El triunfo de Correa consolida el giro a la izquierda de la región y lo profundiza. Fortalece el bloque de Argentina, Bolivia, Brasil, Uruguay, Venezuela y Nicaragua con consecuencias en las futuras consultas electorales. Su revolución ciudadana es personalísima y aunque niega que continuará en el gobierno su juventud y habilidad política le auguran una larga permanencia.

Su victoria se consuma a pesar de que los grandes medios privados han apostado al desgaste presidencial y al de las políticas progresistas que alientan estructuras de unidad e integración como Unasur y Celac.

The Economist le reconoce habilidad manifiesta en sucesivas victorias. Llamó a consulta popular para una Asamblea Nacional Constituyente, redujo a la mitad los salarios de los altos cargos del Estado, incrementó la participación femenina en el gobierno y la administración pública, logró la aprobación de una nueva Constitución con 81.7 %. Se atrevió a la reforma financiera, redujo la carga del servicio de la deuda externa y la reestructuró para no pagar más del 3% del PBI. Pero lo más sentido por la población sigue siendo la prioridad a los programas sociales con 15% más de la inversión del Estado, la duplicación del Bono de Desarrollo Humano de ayuda a las familias pobres, el incremento del 100% en el bono de la vivienda para facilitar la construcción, compra y rehabilitación de las viviendas, la distribución gratuita de medicamentos. Para las grandes mayorías es la revolución posible.

Su voluntad política se ha impuesto. Lo sucedido con El Universo no le ha impedido predicar que la información es un derecho que no es atendido por las empresas privadas que priorizan el lucro sobre el deber de informar. Por ello favorece más medios públicos, comunitarios, sin fines de lucro.

Las cifras hablan y pesan. El desempleo disminuyó a 4,1 %, récord en 25 años. La pobreza bajó 27% desde 2006. El gasto en educación se duplicó, se amplió el acceso de la población a la atención médica, se expandió el crédito subsidiado para vivienda.

Ecuador tiene como moneda el dólar estadounidense por lo cual no puede usar su tipo de cambio ni aplicar políticas monetarias para contrarrestar la recesión. Pero voluntad política y capacidad profesional le permitieron otra visión. Este es el cambio ecuatoriano por el que votaron las mayorías. La región está atenta.

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