La Resiliencia

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales.

| 21 agosto 2011 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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La resiliencia se edifica desde la zona luminosa del ser humano, desde sus fortalezas, asumiendo la potencialidad de cada individuo para desarrollarse. Consiste en la idea de la diversidad, de la diferencia. La teoría de la resiliencia cobra significado a partir de las diferencias en la reacción ante circunstancias adversas, generadoras de stress. Mientras algunas personas sucumben a dichas circunstancias, evidenciando desequilibrio y trastornos a diversos niveles. Otras se desarrollan exitosamente a pesar de la adversidad.

Precisamente conocí un nuevo cliente que acababa de recibir los resultados de su médico y eran poco alentadores, pero con opciones de recuperación, me dijo: No tengo derecho a molestarme ni entristecerme, tengo obligaciones y gente a mi cargo, ya hice lo que tenía que hacer, dejo en manos del hacedor lo que crea justo. Hizo eso la determinación del enfrentamiento exitoso al stress y a la adversidad.

Es justo en este espacio de incertidumbre que abre la diferencia en la reacción ante la adversidad donde se inscribe el concepto de resiliencia, definido como la capacidad de un individuo de reaccionar y recuperarse ante adversidades, que implica un conjunto de cualidades que fomentan un proceso de adaptación exitosa y transformación a pesar de los riesgos y la adversidad. Cuidado que no digo desentenderse, sino responder, no reaccionar.

Existen factores internos como la autoestima, el optimismo, la fe, la confianza en sí mismo, la responsabilidad, la capacidad de elegir o de cambio de las competencias cognoscitivas.

Una vez fortalecidos estos aspectos, que se conjugan en lo que llamamos espíritu. Además se refuerzan las posibilidades del grupo de apoyar a las personas como ser humano integro, seguro y capaz de salir adelante.

Por ello es importante, además de desarrollar factores internos, afianzar los apoyos externos. Sin embargo, si la autoestima es baja o no se conjuga bien con las destrezas sociales, o si la esperanza en uno mismo no fluye, no se canaliza de la mejor manera, y si se le quita al individuo el apoyo externo vuelven a derrumbarse.


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Mario Galarza Peña

Marketing & Negocios

mgalarza@mg-group.com.pe

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