La política hipócrita

La batalla de La Parada ha concluido. Y como dice Susana, el país ha visto quiénes eran los que dominaban esa zona vital para el abastecimiento de la ciudad y en qué clase de gente se apoyaban para imponer su dominio.

| 29 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Yo agregaría algo más. El intento desestabilizador de estos días también ha hecho evidente las conexiones que existen entre la campaña de revocatoria de la alcaldesa y diversos intereses políticos que buscan a gritos una vía autoritaria para el país.

Ya el miércoles, durante el fracaso del paro de los empresarios del transporte, los dirigentes se lanzaron a la violencia. Y el jueves, la Reniec se rendía ante Marco Tulio y se confirmaba la curiosa escena de dar por válidas las firmas extemporáneas cuando todavía no se había resuelto el reclamo del propio registro y de la Municipalidad para que no se las cuente por estar fuera de fecha.

Entonces ya estábamos con alcaldesa renga y con una especie de bandera blanca para que los resistentes a las reformas capitalinas se rebelaran contra una autoridad que podía terminar yéndose en un plazo cercano. Y ahí vino la explosión de La Parada, con revocadores celebrando la “ineficacia” de Villarán, políticos carroñeros apoyando la eclosión de delincuencia y desorden que cubrió las calles de La Victoria, y una mano oculta que empezó a sembrar el miedo en la ciudad.

La asonada del jueves parecía mostrar una Municipalidad improvisada y desordenada en sus decisiones, una Policía indecisa en su responsabilidad, y a comerciantes mayoristas dispuestos a declarar que nunca los moverían de ese lugar, mientras en las calles los peores delincuentes de Lima les hacían el trabajo de impedir que se aplicaran las decisiones municipales.

Era el momento para que los parlamentarios de Solidaridad Nacional dijeran que la alcaldesa debía irse y se adhirieran abiertamente a la revocatoria con la que habían mantenido vínculos clandestinos, y el mudo siguiera mudo, imaginando que su hora empezaba a estar cercana.

El fujimorismo, por su parte, se movió para identificarse con la resistencia de los comerciantes y desplegó sus redes para crear la sensación de que Lima estaba cubierta de saqueos, lo que quería decir que se necesitaba alguien como el que ustedes ya saben, que supuestamente sí sabe como imponer el orden.

La banda de Marco Tulio, bajada del cerro El Pino de la política, lanzó la especie que la revocatoria sería para enero, es decir un armado especial para ellos, que si pudiera ser cierto coincidiría con una coyuntura de agitación de grupos de interés anti-reforma y demostración de la “incapacidad” de Villarán para hacer lo que Castañeda evadió realizar.

Pero el sábado todo se derrumbó. Bastó un gesto de firmeza de la alcaldesa y el respaldo del presidente, para que la batalla por el control de La Parada cambiara de carácter.

Ahora todos celebran la recuperación de la autoridad y hablan de los vándalos a los que antes hacían el juego. En medio del retroceso mediático, solo el chico terrible de la DBA ha titulado que La Parada fue recuperada tras la “debacle” de Villarán, cuando sin la energía municipal para volver a la carga arriesgándolo todo, jamás se hubiera resuelto el problema.

En realidad la debacle de la que habla Aldo M es la de la nonata revocatoria que se basa en el supuesto que a Villarán le falla todo. Bueno, ahora fallaron ellos.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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