La polarización

Los que apoyaban al proyecto Conga -por aquello de que nacimos para ser un país minero y si no se sigue extrayendo lo que guarda la tierra seríamos un país pobre, mejor dicho perderíamos la posibilidad de salir de pobres, que no lo logramos con las minas anteriores, pero esta es una nueva oportunidad, y que los contratos deben respetarse aunque hayan salido de cualquier manera, y los que se oponen son radicales con ganas de joder-, han entendido que lo que el discurso del presidente quería decir es que Conga va de todas maneras y que ya se hicieron las concesiones que se podían hacer (dos lagunas, más agua en los reservorios e inversión estatal), y en versión DBA esto significa que ya se puede aplicar la mano dura, con la máxima firmeza (¿armas a discreción?) para acabar con las protestas.

| 22 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.9k Lecturas
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Al otro lado, los que se han venido oponiendo al proyecto dando como argumentos que la minería no debería estar en la cabecera de cuencas, o que nadie garantiza que con estudios y peritajes finalmente haya contaminación y daño a las fuentes de agua como ya ocurrió otras veces, o que ya estamos hartos de ver paisajes lunares donde antes habían lagunas y cerros entrañables, y finalmente que el candidato Humala ofreció el agua antes que el oro en la misma Cajamarca y ahora quiere oro aún a costa de las lagunas, han reaccionado en general como si las modificaciones propuestas en el discurso carecieran de importancia porque su tema es que Conga no va a ir en ninguna circunstancia.

La polarización que derivó de la famosa declaración presidencial de comienzos de noviembre de “Conga va y no acepto ultimátums de nadie”, que cortó la negociación del premier Lerner con las organizaciones cajamarquinas donde se trataba precisamente el asunto de las dos lagunas y del abastecimiento del agua; que se acentuó con la radicalización de la huelga que respondió a la suspensión del proyecto; y se coronó con la ruptura del diálogo la noche en que Valdés saboteó a su primer ministro, para quedarse más tarde con su cargo tras la declaratoria del estado emergencia, no se ha reducido con el paso de los meses, los peritajes y el ambiguo lenguaje del ministro Pulgar Vidal. Precisamente cuando éste dice que los peritos han concluido que el Estudio de Impacto Ambiental de Conga cumple todos los estándares técnicos, pero que se le debe hacer modificaciones “sustanciales”, evidencia que el único punto que sigue en mesa es que hay un conflicto político-social más allá de lo que pueda asegurar cualquier especialista.

Y el problema es cómo se regresa al terreno donde todavía caben las soluciones intermedias en las que se pueda hablar que no hay vencidos, como pretende el discurso presidencial. El mismo diálogo que ofrece Ollanta está dificultado porque quiere que su propuesta se acepte en bloque por la empresa y las organizaciones, pero su papel arbitral y decisorio en el conflicto se ha mermado profundamente por los hechos de noviembre-diciembre.

La lección es bien dura porque muestra que los errores crean al adversario y lo hacen crecer. Por eso la política no consiste en ordenar de aquí para allá, sino de tener la sensibilidad de entender la realidad.

Yo pensé que Ollanta estaba capacitado para ello por las posiciones que compartió con los líderes populares. Pero se equivocó cuando creyó que podía hacerlos retroceder con un solo grito y se mareó con los aplausos de la prensa DBA.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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