La PNP y la seguridad ciudadana

1).- Tema recurrente en la política del país. Los graves problemas de inseguridad y su relación con la larga crisis de la PNP se remontan a los comienzos de la década de los años 70 del siglo pasado.

| 06 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.6k Lecturas
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La huelga policial del 5 de febrero de 1975 fue el resultado del abandono a los requerimientos policiales resaltados por la acelerada urbanización del país. Durante el régimen velasquista los ministros militares al frente del ministerio del Interior no sirvieron de mucho, y ya iniciado el terrorismo a inicios de los años 80, la situación fue de mal en peor; se militarizaron importantes contingentes policiales y se dejó de lado la lucha contra la delincuencia común. La seguridad ciudadana fue abandonada a favor de la lucha contra el terrorismo. Durante el primer gobierno de García, la unificación de las antiguas fuerzas policiales (GC, PIP y GR), apresurada y politizada, ocultó sus principales problemas. En los años 90 del fujimorismo creció la corrupción y la mayor presencia y control del montesinismo al servicio de intereses mafiosos.

2).- Fue en el 2001, durante el gobierno de transición de Paniagua, que el Mininter conducido por Ketín Vidal publicó las “Bases para la Reforma Policial”, interesante documento que proponía el carácter comunitario que debería tener la policía encargada de mantener la seguridad ciudadana. Diferente al de los cuerpos y Direcciones especializadas de la PNP (Dirandro, Dircote, etc). Lamentablemente esta propuesta cayó en saco roto y terminó en una pequeña sección de las comisarías dedicadas a la “atención al público y la participación ciudadana”. El famoso Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana, solo funciona cuando asiste el presidente de la República y las cámaras de TV, y sus comités regionales, provinciales y distritales se ahogan en su burocratismo, cansancio y ausentismo. Todo un fracaso.

3).- Ahora que, de nuevo, se ha abierto el debate sobre el tema, habría que insistir en la necesidad de señalar el carácter comunitario global que debe tener el conjunto de servicios que las comisarías brindan a los ciudadanos. Por esto se debe impulsar una audaz política de acercamiento permanente de este servicio policial local a las necesidades y urgencias de los vecinos para ganar su confianza de verdad; ya no bastan eventos deportivos, corte de pelo, etc. Ojo. Los vecinos deben ingresar a la comisaría como quien entra a un establecimiento compartido con otros vecinos, que consideran al servicio policial como un bien público y que debiera estar, por lo tanto, a su alcance en todo orden de cosas, incluido la evaluación y crítica como parte de su anhelo por mejorarlo.

En realidad, aunque no se crea, una mayor eficacia policial- además de mejorar sueldos y tecnologías- reposará en el empoderamiento de la población respecto del funcionamiento de las comisarías. Es decir, por ejemplo, que la autoridad democrática local realice encuestas acerca de qué opinan de la atención policial aquellos ciudadanos que requirieron sus servicios. Y que este resultado se incluya en la foja de servicios del oficial al mando de la comisaría y que sea tomado en cuenta para su ascenso. Van a ver cómo poco a poco el oficial y sus subalternos empiezan a dedicar más esfuerzo y tiempo a la seguridad de sus vecinos. Y cómo estos se sentirán orgullosos de sus policías.


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista

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