La pensión

Salvando las distancias generacionales y de estilo, debo admitir que nunca me eché encima un cuerazo como El Zorro, pero creo que tener un material con esas características debe constituir una tortura insufrible, similar a la de vivir permanentemente espantando las moscas de la miel.

| 22 noviembre 2009 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 739 Lecturas
739

En ese sentido una separación puede tranquilamente equivaler a una liberación. Eso se entiende, pero de ahí a convocar a los medios para denunciar que el susodicho amenaza con reducir en algo la “miseria” de 20 mil soles de pensión por los hijos, hay un abismo.

Según la denunciante tal rebaja provocaría que los niños “vivan una vida mediocre”, o “no coman carne todos los días”, por ejemplo. Tendrían menos servidumbre, adiós clases de piano y de charm, cero gasolina para la 4x4 y otras sandeces parecidas.

¿Cómo digerir esa demanda en un país de calatos como el Perú? Muchas mujeres que son padre y madre de sus hijos no han visto en su vida ese dinero junto y reciben magras pensiones de sus contrapartes que no alcanzarían ni para pagarle a una de la media docena de empleadas de doña Marisol.

Por lo general las peruanas que piden pensión de alimentos para sus hijos, trabajan, sudan, se sacan la mugre, no se quedan sentadas esperando que caiga la miserable pensión del fulano, que mayoritariamente busca hacer trampa, se declara insolvente, hace que la nueva lo enjuicie para disminuir el pago, manipula su boleta o simplemente desaparece, se hace humo, feliz el idiota por haberle sacado la vuelta a su propia sangre.

Es probable que la señora no esté enterada que vive en el Perú, donde menudean las pensiones de alimentos misérrimas, pagados tarde, mal o nunca. Ninguna otra cosa podría explicar que haya sacado a luz ese tema privado presumiendo que recibiría un apoyo avasallador.

Tampoco debe saber que a diferencia de lo que vive la gentita como ella, las familias promedio, de las que hoy busca solidaridad, sobreviven con bajos, bajísimos ingresos, no conocen más entretenimiento que ir a Metro, no consideran una tragedia no comer carne, ni tienen servidumbre, ah y suelen ser más discretas con sus problemas de plata.

Pobre señora rica, tan desubicada ella, no le haría mal un paseo a pie fuera de su exclusivo barrio.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

Rosa Málaga

Crónicas pasajeras

Deje un comentario