La pelota triste

Don Wilmer tuvo que comprar la pelota ante el pedido insistente de su hijo Alejandro en uno de esos sábados por la mañana en que iban juntos a La Parada a comprar las cosas domésticas que debían usarse durante la semana. La pelota era costosa y pesada, de 32 paños de cuero brusco, cocidos a mano con la ayuda infaltable de dos agujas grandes y curvilíneas.

| 21 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 750 Lecturas
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Cuando llegaron a casa, con las verduras y los tubérculos y las otras cosas, la mamá se sorprendió porque al fin su esposo le había comprado la pelota a Alejandro. “Ya era tiempo que la compraras, al menos que para eso sirvió el ahorro que significa ir hasta La Parada para comprar las cosas”, le dijo a su esposo casi susurrando.

El niño fue muy feliz con la pelota e increíblemente se convirtió en el titular indiscutible en las luchas deportivas del barrio. La pelota absorbió, a su vez, las historias de los chicos de la cuadra como una esponja deportiva. Fue la testigo de los secretos que los infantes se contaban después de las pichangas. Pasó los momentos más lindos de su vida. Sin embargo, la pelota empezó a sentirse triste poco a poco al darse cuenta que mientras ella envejecía y se arrugaba, los chicos se hacían grandes y fuertes, y casi nadie, ni siquiera Alejandro, le prestaba ya atención como al principio.

Alejandro ingresó a la universidad y a ella la pusieron en ese espacio pequeño de la casa que servía de refugio a las cosas inservibles. Se acomodó, ante tantas antigüedades, en un espacio como para que le diera las primeras luces del día. Horas, días, semanas, meses, años estuvo ahí, abandonada y sola, repasando una y otra vez los pasajes de su memoria. De vez en cuando oía la voz de Alejandro a lo lejos y se alegraba un poco y se movía sola un poquito. Hace unos días escuchó a Alejandro que iría a ver el Perú-Chile y creyó, nadie sabe por qué, que él la sacaría del cuarto. No lo hizo y a la pelota no le importa ya nada. Pero sí quisiera ver al menos un rato la sonrisa feliz de Alejandro.


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