La pantomima inglesa en Malvinas

La gobernación británica de las Malvinas, con la anuencia del Reino Unido, ha decidido realizar en el año 2013 un referéndum de autodeterminación de la población kelper, para que quede claro si prefieren adherirse a Gran Bretaña o a Argentina y “eliminar cualquier duda sobre sus deseos”.

| 17 junio 2012 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 1k Lecturas
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Lo que podría ser un anuncio de esperanza en defensa de la autodeterminación de los pueblos, un principio sagrado del Derecho Internacional, en verdad Gran Bretaña lo ha convertido en una burla, en una bufonada. Es una falta de respeto a la comunidad internacional porque, de acuer-do a un elemental raciocinio, ¿cómo puede haber un referéndum de autodeterminación de unos colonos, de una población implantada inglesa, luego de su invasión a las islas Malvinas?

Es como lo que quisieron hacer los chilenos con Tacna, “chile-nizarla”, para que luego se rea-lizara un referéndum de “autodeterminación” y así apoderarse de ese departamento peruano.

O como hizo Marruecos, al enviar cientos de miles de colonos marroquíes al Sáhara Occidental –invadido por ese reino- para que participen en el referéndum de autodeterminación, intentando sorprender nada menos que a las Naciones Unidas, que afortunadamente no se dejó.

Lo que ha urdido Gran Bretaña es una maniobra propagandística para procurar confundir al Comité de Descolonización de la ONU, que hoy empieza su reunión anual en Nueva York, y a donde viajó la presidente argentina Cristina Fernández de Kirchner, para defender la posición de su país y pedir que el Comité obligue a negociar al Reino Unido.

En el Comité también habrá una “función” de los niños kel-per que tratarán de sensibilizar a sus miembros. Lo que debe quedar claro es que los kelper son ciudadanos británicos, des-cendientes de los colonos inva-sores. Muchos de ellos no tienen la culpa de su realidad, pero las islas son argentinas, heredadas del virreinato español y eso es lo importante.

Las Malvinas deben volver a su seno patrio y la población (unos tres mil habitantes) vol-ver a Gran Bretaña o insertarse en la argentinidad, respetando sus derechos o de repente darles una autonomía, pero bajo soberanía argentina.

Francia invadió Argelia en 1830 e implantó colonos franceses y europeos. Cuando Argelia la derrotó en la guerra de independencia, estos descendientes de colonos o pied-noirs (pies negros) como se les deno-minaba, y que eran un millón de personas, regresaron la gran mayoría a Francia y unos miles a Valencia, en España.

Gran Bretaña no quiere conversar con Argentina, como lo manda la ONU en sus múltiples resoluciones y es seguro que el Comité de Descolonización lo reitere, por lo que quedará en evidencia una vez más la ne-gación inglesa ante un llamado para acogerse a la legalidad internacional.

Aquí no se trata de autodeterminación, sino del respeto a la integridad territorial argentina.


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Ricardo Sánchez-Serra

Opinión

Periodista

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