La osadía de un ex obispo católico

Para la mayoría de lectores decir Paraguay era decir Stroessner. El general de ese nombre fue el emblema y la cara del pobre país sudamericano, uno de los que más ha tardado en tomar el tren de la democracia en América Latina.

| 20 abril 2008 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 452 Lecturas
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El 'caso Lugo' ha añadido a la labor del interesado el interés suplementario de ver a un prelado metido en política contra la expresa prohibición de la Santa Sede que, sin embargo, ha manejado su caso con una prudente mezcla de rigor formal y cerrando un ojo ante la voluntad sincera de un hombre respetado al que parecía difícil descalificar moralmente y poco útil esterilizar políticamente.

Lugo ha superado todas las zancadillas que se le han puesto, desde la pretendida imposibilidad legal de que un eclesiástico se postulara presidente a la campaña feroz acerca de su supuesto radicalismo revolucionario, que él niega, aunque propone un programa de justicia social requerido por sus bases y que pasa por dos ejes básicos: lucha contra la corrupción endémica y acceso a la propiedad rural con la recuperación de las tierras comunales. Además, de la dura tarea de desbancar a un partido con 60 años en el poder.


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Enrique Vázquez

Opinión

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