La ópera cínica

No puedo dejar pasar el circo judicial montado el lunes 7 de julio por Montesinos y Fujimori, sin expresar indignación por el uso de una tribuna que, a pesar de todo, debe ser respetada por los peruanos de la única manera que puede ser respetada: diciendo la verdad.

Por Diario La Primera | 03 jul 2008 |    

Las risitas desvergonzadas que no le hacen doler la lengua a Fujimori ni la conciencia a Montesinos, pusieron en evidencia que sobre un guión montado en falsedades los dos actores de este drama peruano se mostraron cómodos y hasta alegres, con la mentira, la falsificación y el engaño.

Uno de los costos más altos para un sistema judicial es tener que admitir el cinismo y la mentira ubicada en el podium para burlarse de la justicia y de las instituciones, ante millones de televidentes. Qué vergüenza para el país que las más altas autoridades de nuestro gobierno de la década del noventa, sean juzgadas, frente a los medios de comunicación, por corrupción y por evidentes violaciones a los derechos humanos, y que utilicen ese espacio para mostrar su grosera complicidad en el encubrimiento de sus delitos.

La justicia no puede ser reducida a un juego sucio de leguleyadas que distorsionan la realidad, ocultan las verdaderas responsabilidades y que buscan el engaño de los peruanos con el fin de obtener como ganancia la impunidad, para tratar de volver a tapar con cal los asesinatos de La Cantuta y Barrios Altos.

Este hecho también demuestra que a pesar de la cal sobre los cuerpos asesinados ellos siguen vivos en la memoria de sus seres queridos, de los peruanos decentes indignados ante tanta barbarie y del país que no se resigna a avalar una dictadura criminal y cleptocrática.

Talvez, el fiscal José Antonio Peláez debió haber terminado la sesión ante la inconducta de Montesinos que fue provocador e insolente y que jugando en pared con su compinche Fujimori, trataron de restarle seriedad a la audiencia realizada en Ate, Vitarte. No obstante, el acto no perdió la importancia que merecía y contra todo lo que se intentó fraguar, los ciudadanos y demócratas que vieron la función fujimontesinista quedaron saturados del cinismo que se mostró en la Diroes.

Nunca vi tanta mentira en treinta metros cuadrados, ni tal desvergüenza para convertir cargo público en carga pública. Tampoco nunca vi tan cerca la posibilidad de que el Perú resbale al abismo empujado por la impunidad de los dos más grandes falsarios de la política peruana.


    Carlos Urrutia

    Carlos Urrutia

    Opinión

    Columnista