La oferta de libros y la lectura

Los libreros participantes en la Feria del Libro que se lleva a cabo en Trujillo se hallan entusiasmados: sus ventas han superado largamente a las que obtuvieron en la pasada feria reali-zada en Lima.

Por Diario La Primera | 27 enero 2009 |  744 
744  

Seguramente tal entusiasmo también tiene que ver con las señales de que la demanda potencial de libros parece ser mayor de la que cabría suponer en un país como el nuestro con muy bajo consumo de libros y niveles alarmantes de rendimiento escolar en lecto escritura. En un mundo fuertemente competitivo, en que el acceso a la información relevante, y sobre todo el desarrollo de capacidades y habilidades que permiten su asimilación, son elementos decisivos para situarse convenientemente, con un margen de autonomía compatible con el logro del bienestar, el consumo de libros sigue siendo –no obstante el desarrollo de las redes virtuales– un indicador básico de las fortalezas o debilidades de una población para afrontar el reto del desarrollo social.

Por ello, la Feria del Libro de Trujillo es de destacar, y sus resultados merecen notarse; tal vez así iniciativas similares puedan desarrollarse en otras regiones del país, en algunas de las cuales se mantienen todavía esfuerzos aislados. Por lo mismo, es igualmente de notar la indolente desidia estatal –desde el gobierno central hasta el local– para promover una mayor oferta de libros –más allá de buenas pero muy limitadas intenciones como la del programa Promolibros, que dejara el anterior gobierno–, ya sea mediante la creación de redes de bibliotecas que merezcan tal nombre: activas y atractivas, con préstamo domicilia-rio y permanente actividad cultural rentada, o estimulando la apertura de librerías igualmente atractivas para la ciudadanía, en especial para los jóvenes, por parte de sector privado. Así como llama la atención el impresionante ritmo de apertura de supermercados, visible en los últimos años, debería también llamar nuestra atención que su oferta prácticamente no incluye librerías –con excepción de algún mall dirigido a la clase media alta, que confirma la regla–, contras-tando con lo que ocurre en países que son referentes de viabilidad económica, donde en este tipo de espacios no faltan librerías muy bien surtidas. Siendo así de precario el acceso ciudadano a bienes y servicios bibliográficos, ¿a quién sorprende el pobre desempeño de nuestra población estudiantil en la lectura?

Referencia
Propia



    Zenón Depaz Toledo

    Zenón Depaz Toledo

    Opinión

    Columnista

    Loading...

    Deje un comentario