La negación de la humanidad

“Antes de que el gallo cante, me habrás negado tres veces”, Mateo 26:34.

Esta profecía de Jesús tiene que ver con algo que puede ser muy peligroso y definitorio en la actual historia peruana.

Por Diario La Primera | 16 set 2012 |    
La negación de la humanidad
SOBRE LA LEY DEL NEGACIONISMO

El Gobierno ha enviado al Congreso la llamada Ley del Negacionismo, una disposición que debe servirle para castigar con penas de cárcel a quienes nieguen o reivindiquen el carácter terrorista de los grupos que se alzaron en armas en décadas pasadas.

En supuesta defensa de la democracia, el precepto omite —y de esa manera justifica— el te-rrorismo de Estado, una forma de gobernar brutal, masiva, totalitaria y sangrienta que no es precisamente democrática. Con su flagrante silencio, la “Ley del Negacionismo” reivindica o hace pasar por excesos justificables y comprensibles —y acaso repetibles— el estado de sitio y la paz de cementerios que se producen cuando una dictadura da carta blanca a las fuerzas armadas para que éstas ocupen el país… es decir, para que suplanten un terrorismo con otro.

Olvidemos por un instante las cifras de la guerra sucia. En vez de las decenas de miles de peruanos que fueron sus víctimas, pensemos en los ojos asustados, la ropa en harapos, los pies calzados o desnudos de los niños que huyen con o sin sus padres desde una aldea en llamas y que han sido testigos de la violación de sus madres y hermanas, el degollamiento de sus padres, la prisión de sus hermanos y una persecución sin fin cuyas razones no comprenden.

La guerra sucia es una guerra de exterminio… y quienes la han sufrido en el Perú eran señalados por razones étnicas, y tenían tanta culpa o participación en el conflicto como la que tenían los desdichados judíos del Holocausto.

El año pasado en elecciones, el pueblo peruano rechazó la opción del crimen como sistema, encarnado en la candidatura de Fujimori, desechó cualquier justificación del genocidio y repudió la imagen de un presidente que camina pisoteando cadáveres.

La mayoría de los peruanos no votó necesariamente por la izquierda o por la derecha. Votó por la paz.

Otros indicios parecen indicar que el silencio del precepto no es un simple exabrupto, sino una tendencia en el Gobierno. Por ejemplo, es notable el desdén contra las conclusiones de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, así como se hace evidente una posición contraria a las víctimas en los casos concernientes a los derechos humanos.

Como lo señala el recientemente cesado procurador supranacional Luis Alberto Salgado, hay aproximadamente 23 sentencias emanadas de la Corte de San José declarando responsabilidad internacional del Estado peruano, y éste es el mayor número indivi-dualmente correspondiente a un Estado.

¿Por qué el Estado peruano debía asumir como suyos crímenes que fueron cometidos por el régimen de Alberto Fujimori? Y si no fueron crímenes, ¿por qué se mantiene en la cárcel a ese supuesto defensor de la democracia? ¿Qué motivo lleva a este Gobierno a poner en cuestión —como lo hacen algunos dictadores—ins-tituciones internacionales del derecho cuya existencia es un triunfo de la humanidad civilizada?

Y más allá de eso, para usar un verbo recién impuesto por el Gobierno, ¿qué pasará si esta Ley del Negacionismo “va”?... Si eso ocurre, quedará en manos del Ejecutivo decidir qué texto o palabra supuestamente justifica o reivindica el terro-rismo de los alzados en armas. No sólo será penado lo que se escriba o proclame de hoy en adelante, sino también lo que se lea o recite del pasado.

Por ejemplo, el “Canto Coral a Túpac Amaru”, de Alejandro Romualdo, podría ser prohibido, así como despedidos los maestros que sugirieran la lectura de ese poema. La misma suerte correrían, entre otros, “El mundo es ancho y ajeno”, de Ciro Alegría; “Hombres y rejas”, de Juan Seoane; “El Sexto”, de José María Arguedas; “El tungsteno”, de César Vallejo. Y por supuesto, si la ley “va”, irían a la hoguera (o sus autores a la cárcel) todos los libros que se hayan escrito o se escriban sobre la guerra sucia sin tomar al dictado la versión de sus perpetradores. Ya sé que estoy omitiendo muchos libros, pero de mencionarlos se acordarán los futuros fiscales si el negacionismo “va”.

No votamos por el terroris-mo de Estado encarnado en la señora Fujimori. Votamos por una opción democrática y civilizada de vivir. Sin embargo, antes de que el gallo cante, la democracia y la propia humanidad ya han sido negadas más de tres veces.


Eduardo González Viaña

Eduardo González Viaña

Crónica

Colaborador