La necesidad de una red nacional de refrigeración

La introducción al consumo humano directo de especies como el jurel, caballa y merluza, se efectuó durante la segunda parte de los años 80, a través de la entonces importante infraestructura de refrigeración de la Empresa Pública de Servicios Pesqueros (EPSEP), además de la gigantesca red nacional de casetas en manos de miles de pequeños comerciantes, propiciándose precios actualmente equivalentes a un nuevo sol cada kilo.

| 05 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.5k Lecturas
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Desaparecida EPSEP y ante la inoperancia y desdén del empresariado privado, se hace imprescindible en el presente, restituir una organizada red de cámaras de refrigeración para incrementar el consumo de pescado, especialmente con la abundante anchoveta, está vez con la participación de los gobiernos locales y regionales.

La actual carencia de infraestructura de refrigeración o cámaras de conservación, inclusive en los muelles de descarga, perjudican a los pescadores artesanales, quienes en contadas horas deben comercializar su pesca diaria, ante el peligro del rápido deterioro de la misma. La especulación del comerciante obliga al pescador a vender rápido y barato, y son los intermediarios quienes por el desorden y la ambición encarecen el pescado, e impiden el consumo de los pobladores más pobres y alejados de la costa peruana. En épocas de capturas abundantes, los especuladores adquieren las diferentes especies a valores reducidos entre S/ 0.20 a S/ 0.40 el kilo en los diferentes puertos del litoral.

Una sencilla coordinación entre los municipios y regiones, dotados de suficientes recursos económicos, con la orientación legal y simplificadora del gobierno central, permitiría en breve plazo implementar la instalación de cámaras de refrigeración de cincuenta a cien toneladas de capacidad en cada una de las 192 provincias del país, estableciéndose una solida e inédita cadena de comercialización. Tal logro permitiría una magnifica distribución y suministro del pescado de consumo en formas fresca y congelada; garantizaría el abastecimiento permanente a los programas sociales, y parte de las especies marinas a implementar las tecnologías que el Instituto Tecnológico Pesquero (ITP), que limitada en su infraestructura, desde hace más de 20 años aún no ha logrado instaurar por el sector privado, para producir hamburguesas, embutidos, hojuelas, galletas, etc. generando también nuevos puestos de trabajos en diferentes partes del país.

La consecución de vehículos con refrigeración adscriptos a los muelles artesanales, completarían la infraestructura requerida para que en condiciones optimas, sin el abuso de los intermediarios, los propios pescadores artesanales negocien sus productos en forma directa a los lugares más alejados de nuestras costas a precios muy accesibles.

La lucha contra la pobreza y languidez, tiene que efectuarse a través de una gran cadena nacional, con la participación del gobierno, empresarios y trabajadores del sector pesquero, y la gran red de medios de comunicación.


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Juan Rebaza Carpio

Mirando al mar

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