La mujer perfecta

Rosario Sasieta es la mujer perfecta según los cánones de la viveza criolla.

(Viveza criolla: virtud infecta que le permite a Canal 9 “transmitir” el “éxito” de la señorita Malpartida –la única campeona mundial que retuvo su corona cayendo a la lona y forcejeando con los antebrazos como si de un lío de faldas se tratara- poniendo ocho minutos de comerciales por dos de programación, estirando la jornada con sobras boxísticas de variado pelaje y mutilando cada round para que viéramos a Gastón Acurio diciendo, asalto tras asalto, que “Franca” es la gran cerveza del Perú y que si queremos conocer de sus antojos no gestatorios tenemos que afiliarnos al BBV).

Por Diario La Primera | 08 dic 2009 |    

Pues bien, la señora Sasieta, que ha aspirado siempre a ser creíble, mintió esta vez como gitana en gran remate de garaje.

Y han hecho bien en “Día D” demostrándolo de una vez y para siempre.

Porque ahora sí que madame Sasieta ha quedado calata y ha sido varada, tras su captura en alta mar, en una playa de la costanera.

¿Así que fue invitada por la “Generalité” (como su ignorancia la hizo decir en una radio)?

Pues quedó claro: no fue invitada por la “Generalité” ni por la Generalitat ni por Barcelona Promoción y ni siquiera por el Lleida Football Club –que está en segunda pero que jugaba muy bien-.

Lo que hizo, más bien, fue hacerse recibir por una entidad de promoción comercial-cultural que, al parecer, recibió desde Lima –así lo dio a entender su vicepresidente Ramón Masié- la orden de que había que atender “a como diera lugar” a una de esas paracaídistas angurrientas que suelen merodear los consulados y autogenerarse esforzadísimas “convocatorias” y a las que hay que tolerar cuando Repsol y la Telefónica han invertido tanto como en estos parajes.

“No la conocíamos para nada. La conocimos recién aquí y nosotros no la invitamos”, dijo Masié, el segundo de Barcelona Promoción. En la Generalitat, la sede del gobierno catalán, ni siquiera saben de quién se trata.

¿Así que coordinó proyectos de ley homologables en el Consulado peruano en Barcelona?

Tampoco. El cónsul peruano Miguel Palomino lo dijo con elegancia, pero la traducción impía es la siguiente: Sasieta también se zampó a esas instalaciones a fatigar a los funcionarios y a hacerse escribir un papelito que dejaba constancia, a su insistencia, de la intrascendente conversación allí producida. Y por supuesto no fue “invitada” por nadie sino que se presentó con su vozarrón simpatiquísimo de juerguera de San Bartolo.

¿Con que el feriado religioso por la virgen de la Merced duró tres días que “le arruinaron la chamba” y la “empujaron” a irse a Roma y a Venecia para no morir de aburrimiento, pobre santa?

¡Mentira gorda! El feriado eclesiástico duró apenas 24 horas y el resto de la semana fue laborable, aunque no para ella ni para su “acompañante ocasional”, esa sobrina carnal, aunque simbólica, de Héctor Faisal, ese resumen de la ordinariez porteña que responde “¡aquí estoy!” cuando alguien grita “¡Marijuán!”

¿Así que fue invitada nomás a la boda homosexual de sus patitas de Barcelona?

No, no fue invitada nomás. Hizo de sacerdotisa casamentera, de alcalde bamba, de funcionario registral aparecido y, encima, antes de decir “el novio puede besar al novio”, recitó una huachafería que creyó aparente para avivar la llama de los esponsales.

¿Con que trabajó más de la mitad de los días en que estuvo en Europa, cobrando cada día al fisco peruano como si de una misión oficial se tratara?

¡Mentira arponeable! La señora Sasieta, tal como lo demostró la reportera Andrea Llosa, “trabajó” sólo tres de los quince días de licencia –si podemos llamar “trabajar” a eso de simular que se pretende algo cuando lo que se quiere es una vil coartada para eludir el descuento de ley a la hora de la quincena-.

¡Y pensar que Acción Popular tuvo en sus filas a mujeres como Violeta Correa o Matilde Pérez Palacios!

El desplome final de esta señora sin vergüenza salpica severamente a Rosa María Palacios, que en una de las noches más tristes de su largo repertorio acogió su versión con tanto amor, sus documentos repentinos con tanta devoción, sus argumentos con tan plena complicidad que parecía estar hablando con Juan Carlos Hurtado Miller, su antiguo aconsejado, o con algún representante de Petrotech, la empresa que ella jamás tocará porque allí trabaja su marido. Y, como dice Vivas siempre, “chamba es chamba”.


    César Hildebrandt

    César Hildebrandt

    Opinión

    Columnista