La muerte de Jaime Ramírez

Como nadie debe morir en prisión, y ese es el cuento que ha sido puesto en circulación para poner el foco de atención pública en Alberto Fujimori, quien a la menor molestia es trasladado a costosas clínicas privadas, agentes del gobierno han visitado a la familia de Jaime Ramírez Pedraza, que acaba de fallecer en el penal Castro Castro, víctima de una enfermedad degenerativa e incurable, que ya sabía hace tiempo, que lo llevaría a la tumba, para solicitarle firmar una declaración de que esto ocurrió después de haber recibido el indulto presidencial.

| 28 octubre 2012 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
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Eso, por supuesto, ha sido rechazado por los familiares que durante varios años han chocado una y otra vez con la desidia del poder para actuar frente a la evidencia de la gravedad e irreversibilidad del mal que aquejaba a Jaime y nunca recibieron respuesta al pedido de indulto, que carecía de gran prensa y de capacidad de presión en los altos niveles del Estado.

En esta columna y en otras notas de este diario hemos hecho eco varias veces del caso Ramírez Pedraza, y hemos sido enfáticos en subrayar que esta era la prueba de que los sentimientos humanitarios no pueden discriminar por razón personal o política.

Pero a Jaime lo dejaron sufrir la peor de las carcelerías, en un estado de parálisis muscular, sin poderse valer por sí mismo, y sufriendo sucesivos episodios de asfixia, apenas salvados con la ayuda de sus compañeros.

Pero como Jaime era del MRTA, los gobiernos de García y Humala sentían que su indulto era una papa caliente, porque ahí andan los Aguinaga y los Kenji para gritar que a los “terroristas” los sacan de la cárcel y “al que pacificó al país”, a punta de Grupo Colina y de una legislación totalitaria que sofocó la libertad de todos, lo mantienen en la Dinoes, desde donde dirige su partido político.

Humala tuvo en el caso Ramírez la ocasión de demostrar que en los asuntos de enfermedades terminales o muy graves, se actúa solo a partir de los informes médicos. Pero no lo hizo. Y es una vergüenza que existan funcionarios que creen que este trato abusivo se puede maquillar a cambio de algo, para salvar la cara del gobierno.

Como informa un comunicado de la familia de Jaime, ya son tres presos muertos por enfermedad, ante la pasividad de la Comisión de Indultos, en lo que corre de este gobierno. Hay presos que ni siquiera tienen familia para que hable por ellos como la tenía el militante emerretista, y que se van muriendo en el peor de los olvidos.

El jefe del INPE debería responder por estas realidades en vez de estarse distrayendo porque la prensa de derecha lo ajocha con el asunto de Antauro, sometido una reclusión ilegal en la más dura de las prisiones peruanas, pero los Du Bois y otros quisieran que todavía se le castigue más para ver hasta dónde puede caer la autoestima de su hermano presidente.

Es una lástima cuando el poder no es poder y no puede hacer lo que es justo, como liberar a Jaime Ramírez antes de su muerte, y solo hace lo que los medios le ponen como agenda.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista