La mortandad de delfines y aves

Desde el inicio de la vida, el mar ha estado unido a todos los seres vivos de nuestro planeta; por lo que protegerlo, significa garantizar la subsistencia del universo y sus criaturas. Y como el hombre, las especies marinas requieren del oxígeno, que lo obtienen del agua que absorben por la boca, y que luego de pasar por sus branquias expelen al exterior. Además, la existencia de peces pequeños como la anchoveta, que se alimentan de plancton, organismos vegetales y animales de tamaños microscópicos, garantizan la dieta alimentaria y desarrollo de las especies mayores.

| 05 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 2k Lecturas
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El desmesurado crecimiento de las flotas industriales, han ocasionado la depredación de las especies marinas, colocando a muchas de ellas al borde de la extinción, además de contaminar el mar al operar sin equipos de refrigeración, arrojando los sólidos y líquidos descompuestos. Pero la contaminación, también es el resultado de las mareas negras, provenientes de los derrames petroleros, de las perforaciones en la búsqueda de hidrocarburos, de los barriles de gases perecederos, de las partículas metálicas originadas por la industria, de los químicos residuales impuros provenientes de la minería, que a través de los ríos se depositan en el mar, etc. La polución origina por ejemplo, la presencia del yodo radioactivo en las algas de algunas especies, estroncio 90 en las conchas de los moluscos y en la humanidad de los mamíferos. La concentración de productos peligrosos en la cadena alimentaria, viene afectando pues, progresiva y gravemente la escala jerárquica de las especies marinas mayores.

La Universidad “James Cook” y el Centro para el Estudio de los Arrecifes de Coral de Australia, han revelado que el gas y el dióxido de carbono (CO2), están aumentando la acidez del mar, y alterando la capacidad de oír, oler, moverse y escapar de los peces, dañando y modificando sus sentidos. Se considera que los océanos reciben anualmente 2,300 millones de toneladas de dióxido de carbono, provenientes de nuestra contaminada atmósfera. El dióxido de carbono es un gas de efecto invernadero, y sus consecuencias no solo afectan a los peces, sino también a sus depredadores.

Las constantes varadas de grandes cardúmenes de pescado, la mortandad de miles de delfines, lobos y aves marinas, hasta el momento no tienen explicaciones convincentes del Ministerio de la Producción, ni del venido a menos Instituto del Mar del Perú (IMARPE); que tal vez pretendiendo preservar la ya desprestigiada imagen de empresas exploradoras y explotadoras de petróleo crudo y gas, como en el caso de SAVIA Perú S.A. (antes Petrotech S.A.), apoyada extrañamente por un Informe de Revaluación Sanitaria, emitido por el Servicio Nacional de Sanidad Pesquera (SANIPES), apelan a incompetentes voceros, que anteriormente argumentaron y justificaron, la presencia violenta de embarcaciones industriales al interior de las primeras 5 millas costeras, a través de las denominadas “ventanas de penetración”, permitiendo su depredación, polución e infección.

La naturaleza nos ha enseñado, entre otras cosas, que la presencia masiva de aves, indican la existencia de grandes biomasas de pescado; y su ausencia y mortandad, revelan contaminación, ausencia de oxigenación adecuada, y escasez de especies marinas. Son pues las aves, uno de los claros indicadores biológicos de la vida marina.


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Juan Rebaza Carpio

Mirando al mar