La moralista

Tony asiste a una iglesia evangélica porque considera que, a sus treinta años de edad, todavía está a tiempo para reivindicarse de los muchos pecados que ha cometido. En la iglesia lo inquieta Élida, una mujer de 25 años de edad con unas caderas deslumbrantes.

| 05 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 845 Lecturas
845

La conoce hace como dos años y siente que mientras pasan los días se enamora más de ella. No le ha dicho nada aún por temor al rechazo y porque siente que ella está tan entregada a Dios que tan solo pensar en un enamorado es ya para ella una forma de pecado. “Mi vida, desde que llegué a este lugar, es dedicarme a Dios por completo porque me he entregado a él, en cuerpo y alma”, dijo Élida cierta vez en que Tony le insinuó que quería salir con ella.

Élida va a la iglesia impecablemente vestida y peinada como para salir a pasear al parque con el mismo Señor. Es quien más participa de las congregaciones y la que mejor aprende las lecciones de La Biblia. El pastor a cargo de la iglesia la ha felicitado en público por su dedicación a Dios y la ha puesto como ejemplo de cómo deben portarse las mujeres y los hombres de la iglesia.

Tony le preguntó a una de sus amigas cercanas de Élida: “¿Sabes si ella tiene enamorado?”. “Cómo se te ocurre, ella jamás ha tenido enamorado y jamás lo tendrá. Es limpia y pura de toda mancha que le puede causar un hombre. Además en lo único que piensa ella es en Dios. Ella me dijo que jamás estará en pecado con un hombre porque toda su vida se la debe a Dios y a él le entregará todos los días que le faltan vivir”, le dijo.

Aquella respuesta tan informada de la amiga de Élida empujó a Tony a una depresión extraña que bajó su rendimiento en el hostal, tanto que inclusive pensó en renunciar. No dejaba de pensar en Élida y soñaba todas las noches en convertirse en su enamorado. En la iglesia rezaba para que ella le hiciera caso, pero el final se arrepentía porque pensaba que le estaba pidiendo a Dios que empujara al pecado a una mujer santa. Tuvo que resignarse y aceptar que ella no era para él y un sábado por la tarde juró ante una cruz que jamás volvería a pensar en ella. Ese mismo sábado por la noche, Élida llegó al hostal escondida en un sombrero grande, de la mano del pastor de la iglesia.


¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.


...

El Escorpión

El Escorpión

elescorpion@diariolaprimeraperu.com

Deje un comentario