La mediterraneidad de Bolivia: ¿Un asunto bilateral o trilateral?

En los últimos años de manera intermitente se difunde la idea de un enfoque tripartito para encontrar una solución a la mediterraneidad de Bolivia. Es un error conceptual, histórico y político. Pero lo es también y de mayor envergadura desde la perspectiva del proceso negociador que se requiere para hacer realidad la justa aspiración de Bolivia.

Por Diario La Primera | 22 jul 2008 |    

Las partes implicadas en la mediterraneidad boliviana se derivan de los hechos que le dieron origen. Son dos: Chile, que ganó la guerra del Pacífico y que se anexó el litoral boliviano y Bolivia, que lo perdió como consecuencia de haber sido vencida. Como lo señaló el Plenipotenciario de Chile en La Paz, Abraham Koning, en su nota del 13 de agosto de 1900, a la cancillería boliviana: “Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena…que el litoral es rico y vale millones, eso ya lo sabemos. Lo guardamos porque vale; que si nada valiera, no habría interés en su conservación”.

Este es el origen del problema y la razón del por qué se trata de un asunto bilateral que concierne a Chile y a Bolivia. El Perú no es una de las partes en esta lamentable situación que compromete las posibilidades de desarrollo del pueblo boliviano.

El Perú sí puede estar involucrado en la solución, pero dependiendo del tipo de entendimiento que puedan negociar Chile y Bolivia. No es cierto que la única solución técnica sea por un corredor al norte de Arica. La propuesta de Bolivia, formal y pública, que hiciera a Chile el 18 de abril de 1987 así lo demuestra. Propuso una alternativa, la citada posibilidad del acceso al mar a través de un corredor por Arica o un enclave con tres posibilidades geográficas: Caleta de Camarones, Tocopilla y Caleta Michilla.

El Perú sólo se involucra si la solución que se negocie fuese por Arica. En este caso, según el Tratado de 1929 Chile no puede asumir la decisión “sin previo acuerdo” con el Perú. No se trata de una simple consulta para aceptar o denegar, sino de un proceso negociador que debe llevar al establecimiento de un acuerdo.

El Perú, llegado el caso, debería asumir una actitud constructiva, comprensiva y positiva con la justa causa boliviana, resguardando al mismo tiempo, con responsabilidad, los derechos que el Tratado de 1929 le otorga, sus intereses marítimos en la zona y los requerimientos del desarrollo socio-económico de Tacna y de su población. En esta instancia, sí sería legítimo y positivo pensar, adicionalmente, en proyectos trilaterales de desarrollo.


    Manuel Rodríguez Cuadros

    Manuel Rodríguez Cuadros

    Opinión

    Columnista