La marcha de los putos

Desde la azotea de un edificio de tres pisos de la avenida Arequipa, la negra Blanquita y su amigo Pedro miran la famosa marcha de la putas que exige respeto a los derechos de las mujeres, que no las miren como cosas ni objetos sexuales, que no las ninguneen por su condición ni género, que no las confundan ni las sigan como gatos en celo si se visten con prendas pequeñas, que basta ya de todo tipos de abusos contra las niñas, chicas y mujeres.

| 14 noviembre 2011 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 816 Lecturas
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—¿Blanquita, por qué no bajas y apoyas a esa marcha que saca pecho por tu género?— pregunta Pedro.

—Apoyo la marcha desde aquí, porque por fin esas valientes se juntan y alzan la voz para que se acaban los abusos.

—Pero baja, pues, negrita; además, necesitan una dosis de color.

—Gracioso. No bajaré. Aquí estoy bien contigo que eres un mangazo de hombre.

—Guarda con ese leguaje, que si sigues mañana mismo organizo una marcha de los putos.

—Pedrito, no es mala idea porque los hombres también sufren abusos. Claro que no tanto como las ellas, pero en este mundo en el que las mujeres están escalando en los puestos de poder los chicos también sufren.

—¿Tú sabes de algún caso?

—Sí, en mi antiguo trabajo tenía una jefa de cincuenta años. Bueno, está tía contrataba chicos muy jóvenes para la chamba y todos decían que les proponía cosas indecentes y si los chicos no aceptaban ella los despedía.

—Ya. Hagamos una marcha de putos.

—Todo lo tomas a la broma.

—No es broma. Bueno. Yo no lo haría, que lo hagan otros. Mejor no; porque la marcha de las putas no es solo para defender derechos de mujeres sino también de los hombres. De todos.

—Oye, Pedro, mira ese cartel. “Yo-no-soy-tu-mamacita”.

—Me parece una exageración, porque decirle “mamacita” a una chica linda en la calle, dependiendo como le digas, puede pasar inclusive por un piropo.

—Pero depende del modo, ¿no?

—Claro. Además a las mujeres les gusta los piropos. ¿Por ejemplo, qué harías si a ti negrita, en un paradero cualquiera, un chico de esos estudiosos se te acerca y te dice: Amiga, cada vez que escribo poemas y necesito resaltar algo no uso las cursivas, prefiero a las negritas, me encantan las negritas?

—Si me habla así, lo perseguiré tanto a ese chico que él sí terminará organizando una marcha de los putos.


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