La liberación de los rehenes

Escribo sin la información completa sobre lo que pasó en Kepashiato que supongo se aclarará con el correr de las horas. Pero con lo que tenemos podemos adelantar algunas conclusiones:

| 15 abril 2012 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 2.1k Lecturas
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a. El gobierno logró desactivar una enorme bomba de tiempo que podía hacer girar la situación y regresarnos hacia una imagen de Estado impotente ante la violencia que alimentó el clima político previo al golpe del 5 de abril de 1992.

b. La derecha quedó off side con su discurso que apuntaba a decir que Ollanta no puede con los senderistas porque no es Fujimori.

c. Las empresas de Camisea estuvieron negociando con los secuestradores y seguramente no van a decir lo que pactaron, pero ha quedado claro que los remanentes subversivos han logrado influencia en la zona del gas.

d. Los movimientos sociales, en particular el de Cajamarca, se ha quitado una hipoteca de encima, ya que la prolongación del secuestro podía tornarse en un escenario represivo en todo el país y los medios de derecha hacer conexiones entre las luchas sociales y los grupos violentos con fines de confusión.

e. Para la mayoría del país lo sucedido es una gran victoria cualquiera sea la verdad de lo que ocurrió en la selva.

f. El bárbaro proyecto de utilizar trabajadores de los peor pagados para extorsionar en nombre de una supuesta “revolución social”, ha sido repudiado unánimemente. Desde el ángulo político y moral los autores se han infligido una derrota por su propia responsabilidad.

g. El Sendero del VRAE puede imaginar haber mostrado poder militar, frente al derrumbe de sus rivales del Huallaga, pero ha evidenciado a su vez torpeza política cuya consecuencia principal es haber aumentado su vulnerabilidad, lo que se irá viendo poco a poco, en las siguientes semanas y meses.

h. Es insostenible la explicación oficial de que “la presión del cerco” hizo que los secuestradores soltarán a sus víctimas, porque eso equivaldría a suponer que no habían previsto que iban a ser perseguidos con el máximo de fuerzas.

i. Los rehenes fueron puestos en libertad por una decisión política, tal vez porque los jefes estimaron que ya habían alcanzado algunos de sus objetivos, sea por el lado de sus exigencias –no al gobierno, sino a las empresas-, o en cuanto a hacer presión político-militar.

j. Normalmente los secuestradores usan a los rehenes como defensa respecto a un posible ataque de los rescatadores. No está claro entonces el por qué habrían decidido huir sin ellos convirtiéndose en blancos de cualquier operación aérea o terrestre cuando fueran detectados.

k. Confusas noticias posteriores a la liberación de los rehenes hablan de bajas militares y civiles como si se tratara de batallas de retaguardia para cerrar el paso a los senderistas en retirada. Aquí puede estar empezando un momento crucial del enfrentamiento con el último contingente rebelde de la selva.

l. Varios ministros han venido hablando más de la cuenta. El primero fue el de Justicia que repitió la mentira fujimorista de “no se negocia con terroristas”, como si todos los procesos fueran enfrentamiento. Ahora es el de Defensa que sugiere que este “rescate” es como el de Chavín de Huántar, con lo cual se imagina una reencarnación del gobierno de los 90, a pesar que no hay punto de comparación.

m. Finalmente, el gobierno haría bien en no repetir el triunfalismo de la captura de Artemio, porque eso marea y conduce a errores. Ollanta debería tomar en cuenta las muchas debilidades del Estado, que no creó, pero que pueden ser aprovechadas por sus adversarios.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista