La ley del bolsillo

El subsector eléctrico viene haciendo esfuerzos para que se instalen centrales hidroeléctricas y ciclos combinados en vez de turbinas a gas de ciclo simple. El reciente D.L. 1041, entre otros, trata de forzar el ingreso de los ciclos combinados.

Por Diario La Primera | 22 jul 2008 |    

El propósito es sano: las centrales hidroeléctricas recogen energía provocando caídas de agua que regresa al mar luego de haber sido evaporada por el sol; mientras mayores sean el caudal y la altura de caída, mayor es la energía que aportan. El Perú, por la altitud de los Andes y los formidables caudales amazónicos es un país rico en hidroenergía. Y de ésta se produce energía eléctrica, sin consumir combustibles.

Los ciclos combinados, con la misma cantidad de combustible, producen un 50% más de energía eléctrica que las turbinas de gas. Entonces, permiten que las reservas de gas duren 50% más, que los gasoductos requieran capacidades 33% menores y que se emita 33% menos de gases que producen efecto invernadero (GEI), que son los que están produciendo el cambio climático.

La cordura señala que: primero habría que consumir todo el potencial hidroeléctrico (ojo, que no nos pase lo del gas de Camisea), si no alcanza, ir a ciclos combinados y sólo por una razón muy especial ir a turbinas de gas.

¿Qué estamos haciendo?. Exactamente lo contrario: turbinas a gas; después y casi sólo a la mala, ciclos combinados y las hidroeléctricas son sermón sin efecto.

¿Por qué esta conducta absurda?. Porque las señales regulatorias, de una terquedad digna de mejor causa, olvidan que en nuestra civilización de mercado el órgano más sensible es el bolsillo.

Comparemos económicamente los 3 tipos de unidades, cada una con una capacidad de 1 kW (leer: “un kilowatt”). La hidroeléctrica costaría unos US$ 2,000. La turbina de gas costaría unos US$ 500 y consumiría unos 520 MMBTU (leer: “millones de BTU”) de combustible a lo largo de su vida. Un ciclo combinado costaría unos US$ 1,000 y consumiría 350 MMBTU. El millón de BTU del petróleo WTI cuesta unos US$ 24. Nuestro gas se vende a la décima parte: US$ 2.40. Acumulando costos de inversión y gastos de combustible, la hidroeléctrica sale a US$ 2,000; el ciclo combinado, a US$ 1,840 y la turbina de gas a US$ 1,750. El gas barato, como todo lo barato, conduce al despilfarro; esa es la lógica del bolsillo.

Pero, vendiendo el gas a sólo la quinta parte del petróleo, las cuentas indicarían: hidroeléctrica: US$ 2,000; ciclo combinado: US$ 2,700; turbina de gas: US$ 3,000. Esa señal, sí que se entiende; alinea a la cordura con el mercado; evita lo penoso de remendar la ley cada 6 meses, con la inestabilidad que transmite; y por las buenas dejamos de dispendiar el patrimonio de nuestros hijos y nietos.


    Carlos Herrera Descalzi

    Carlos Herrera Descalzi

    Opinión

    Columnista