La justicia chicha

Si los casos Abencia Meza y Eva Bracamonte me parecen de un abuso fiscal-judicial realmente excesivo: se condena sin pruebas objetivas, bajo la presunción de que un crimen “de esa magnitud” no puede ser cometido por un Mamanchura o un “payaso” cualquiera, y que los aspectos dudosos del caso no van a favor de las acusadas sino en su contra (que es a lo que llaman indicios, pero no son sino imprecisiones), el tema de Ciro Castillo desborda lo imaginable y termina por confirmar que nuestras autoridades judiciales a lo que más temen es a fallar en contra de la prensa chicha, esa que ahora mismo está titulando que a Ciro lo empujaron desde el cerro y que luego Rosario se echó a languidecer en una cueva hasta que la encontraran en pleno proceso de deshidratación.

| 03 noviembre 2012 12:11 AM | Columnistas y Colaboradores | 728 Lecturas
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Todos los estudios forenses y el informe de la morgue apuntan a que lamentablemente el joven Ciro Castillo sufrió un accidente cuando trataba de buscar ayuda para su novia que se había quedado esperándolo cuando ya no pudo continuar la marcha para intentar salir del laberinto en que se habían metido al querer atravesar el Cañón del Colca, sin conocerlo y sin técnicas de desplazamiento en zonas de altura.

Pero la fiscal prefiere tomarse 120 días o quizás ocho meses más (como ha dicho) para seguir tomando muestras de sangre y ADN a todos cuantos pudieran tener relación con la pareja que se perdió entre las montañas.

Y es que Ciro no pudo haber muerto por accidente, porque sino dónde queda el heroísmo de su padre, aclamado por tanta gente en Arequipa, y en qué lugar ponemos al nuevo integrante del santoral del Colca al que ya se le están imputando diversos tipos de milagros, menos el de haber salvado a Rosario de lo que podía ser una muerte segura.

Y es precisamente de no haber muerto que la acusa el médico Castillo Rojo dentro de lo medular de su denuncia. Sobrevivió más allá de lo normal, ergo es una asesina, porque no le ocurrió lo que le pasó a su hijo.

Esto, que podía ser un asunto de dificultad para asimilar su propia tragedia, se convierte en una difamación grosera cuando pasa el tiempo y se pone en juego la libertad y el derecho a recuperarla tranquilidad para una joven mujer de la que se puede decir casi con absoluta certeza que no mató a nadie.

En el Perú, el juicio previo de la prensa y de la gente excitada por los medios influye decisivamente en los procesos, ya no hay cómo negarlo. No es que cualquier información, digamos lo que diga esta columna, pueda tener impacto sobre los que investigan, juzgan y condenan.

Pero sí una cadena sistemática de titulares, qué importa si desafían la lógica y el buen gusto. Igual siguen. Porque lo que ha vendido Rosario Ponce en los dos últimos años no hubiera existido si realmente “El Trome”, “Ojo” o “El Popular”, hubieran razonado seriamente tomando en cuenta la hipótesis mil veces más probable de que se trató de un accidente desgraciado, de esos que son siempre posibles en un área peligrosa como el Colca.

La cobardía fiscal consiste en ponerse del lado de donde vienen los aplausos y donde están los medios que les interesa mantener abierto el caso. A ellos les ha regalado la prórroga. ¿Qué vendrá después?


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

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