La izquierda diversa de Sudamérica

La izquierda sudamericana del dos mil es un fenómeno nuevo, creativo y vital, más que una herencia vegetativa de la izquierda tradicional. Sudamérica tiene ocho gobiernos de izquierda democráticamente elegidos, que en su diversidad, expresan la más contundente respuesta al fracaso del neoliberalismo de Reagan a Bush.

| 12 junio 2008 12:06 AM | Columnistas y Colaboradores | 932 Lecturas
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Es una izquierda que tiene la diversidad como virtud. Las ocho izquierdas que gobiernan en Sudamérica son distintas y eso que en el pasado fue un error, hoy es un valioso potencial político. Subsisten algunas nostalgias forcejeando por mantener su pureza, pero eso ya se acabó.

Los ocho gobiernos de izquierda sudamericana rescatan con fuerza su particularidad, su autonomía y, en medio de sus diferencias y contradicciones prefieren trabajar, a su manera, por superar la pobreza y el atraso que agobia a nuestros pueblos y por hacer ciudadanos convencidos de que la solución pasa más por una democracia efectiva, que por cúpulas de pensamiento único. Tiene razón Walter Lippman cuando dice “Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho”.

Aunque hay que reconocer que en este espacio todavía se viven desencuentros acalambrados, la necesidad de unir y sumar lo diverso como el mejor camino para hacer política seria, se viene imponiendo.

Hay mucha gente trabajando en universidades, en medios de comunicación, en sindicatos, en organizaciones de la sociedad civil y en partidos políticos por una nueva sociedad de justicia y de respeto de los derechos humanos. Y, por ejemplo, eso es Aprodeh con sus años de limpia trayectoria, hoy acosada por las mafias que enlodaron nuestro pasado reciente.

Esa gente viene de orígenes políticos diferentes, lo que no impide acumular fuerzas ni construir nuevas reflexiones y programas de acción, lo que no genera enemigos sino compañeros de viaje, diversos pero necesarios, así como los ocho gobiernos de izquierda sudamericanos compuestos también por la diversidad, que a pesar de sus desencuentros han logrado acumular un caudal inédito de simpatizantes, electores y de gente comprometida con un futuro mejor para los sudamericanos. Como dice Immanuel Wallerstein, esa izquierda “está en una posición mucho más fuerte para enfrentar sus batallas, hoy, que hace medio siglo”.


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Carlos Urrutia

Opinión

Columnista