La inflación sí “chorrea”

La figura económica del famoso “chorreo” viene del modelo neoliberal. Ya tenemos experiencia respecto de su validez. Más de 80 meses de crecimiento incesante del PBI, ingentes ganancias para las grandes empresas, y el chorreo para los de abajo, si lo hay, tarde y poco; y la desigualdad, en cambio, crece mucho. Sólo en los dos últimos años, las remesas de utilidades al exterior por las grandes mineras suman más de 5,000 millones de dólares y el aumento de los ingresos, por ejemplo, de los sectores D y E de Lima Metropolitana apenas alcanza a cerca del 2%. Y se nos dice, “no hay que desesperarse, ya va a llegar el verdadero chorreo”.

Por Diario La Primera | 15 set 2008 |    

Sin embargo, apenas la inflación comienza a desbordarse, pasando el límite del 3% programado y estando por alcanzar el 7% a fin de año, los primeros y los que más sufren son “los de abajo”. Y por partida doble. Los precios que más crecen son los alimentos (12-16%, según las regiones), y como “los de arriba” apenas gastan en estos el 18% de sus ingresos, casi no sienten la inflación; pero “los de abajo” que gastan cerca del 70% de sus ingresos en comida sí la sienten y mucho. Pero también este trato desigual continúa cuando el MEF y el BCR elaboran su plan antiinflacionario buscando reducir la demanda. En lugar de restringir el consumismo de “los de arriba”, el excesivo crédito en dólares, etc, privilegian los recortes presupuestarios que afectan principalmente a las regiones y a las exigencias de los sectores sociales. Es decir, los servicios estatales que atienden las necesidades de “los de abajo” se recortan y se aconseja -no es broma- que para paliar la inflación siembren hortalizas en sus azoteas .En cambio, no se aumentan los impuestos para quienes el próximo año van a comprar más de 120 mil autos nuevos o yates importados a bajos precios como producto de la eliminación de aranceles. Y qué decir del temor a poner impuestos a las sobre ganancias mineras, que el propio Obama plantea para las petroleras de su país.

El pueblo no es tonto. No se deja encandilar por los cantos de sirena del neoliberalismo y tampoco le teme a la solapada amenaza que busca impedir su justa protesta.


    Carlos Tapia

    Carlos Tapia

    Opinión

    Columnista