La ilusión de los tlc

Los argumentos en favor o en contra de los TLC son ideológicos con intensidad de catequesis. Por un lado están los simplistas para quienes la relación con un país desarrollado conduce al crecimiento. De otro lado los idealistas quienes creen que la cooperación internacional es suficiente. Pero hay una tercera posición: la del pragmatismo estratégico a partir de la relación Estado-empresa-universidad.

Por Diario La Primera | 20 ago 2008 |    

El gobierno anterior vendió la idea simple pero impactante de que un TLC con EE.UU, cuya renta per cápita frisa los 40 mil dólares, nos llevaría a similar nivel: una ilusión. Luego este gobierno en 26 días definió el TLC con Chile, como si ello bastara para superar los problemas limítrofes. Y, ahora, seremos socios de China, con casi la tercera parte de la población mundial.

Para atender tales mercados requerimos de oferta exportable, pero la producción de manufacturas es pequeñísima y la de servicios ridícula. Exportamos materias primas (77 %) y la industria es hortifrutigranjera. Nuestros dirigentes se enorgullecen con los productos de bandera (king kong, paprika, polos, espárragos, pisco, chocotejas) que utilizan servicios (transporte, logística aeroportuaria, financiamiento, canales de comercialización) de transnacionales extranjeras y que representan el grueso de la exportación. Sin mencionar que tales productos son exportados con marcas foráneas que se llevan el 75 % del precio que paga el consumidor final.

Ingresamos a los TLC sin oferta exportable, para lo cual se requería primero de mercado interno. Carecemos de política de desarrollo industrial. No hay concertación de los intereses del Estado (transporte internacional, puertos, orientación de inversiones) con el sector privado (financiamiento, tecnología) y la universidad que aporte profesionales para una industria con valor agregado.

Empezamos, pues, al revés: primero unirnos a grandes mercados, después crear los acondicionamientos (legislación extraordinaria), para recién intentar una oferta exportable.


    Aníbal Sierralta Ríos

    Aníbal Sierralta Ríos

    Opinión

    Columnista