La ideología de la corrupción

La corrupción es la ideología del actual régimen. Esto es así, a falta de cualquier otra idea, sueño, o propósito que ofrecer a un partido con decenas de miles de afiliados, que se formaron bajo la idea de representar alguna forma de cambio para el país. Sin duda, fórmulas como aquella de que hay que mantener a toda costa el crecimiento de la economía, atraer inversionistas con todo tipo de concesiones, firmar cuantos TLC se pongan en el camino, etc., son leídas por todo el mundo, incluidos los militantes apristas, como un proyecto al servicio de los más poderosos, con un mínimo impacto en la distribución social.

| 15 febrero 2009 12:02 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.3k Lecturas
1355

Y la pregunta obvia es: ¿y esto qué tiene que ver con cada uno de nosotros? Si no vamos a cambiar al Perú, sino a mantenerlo; si no vamos a ayudar a los pobres, sino esperar que el crecimiento deje algo para ellos (aunque ahora la crisis global amenace nuevamente arrasarlos); si no vamos a construir un nuevo Estado, porque eso es peligroso, ¿para qué estamos en el poder? Alan García ha podido escribir que su gobierno es producto de la relatividad y el tiempo histórico, así como del pragmatismo y el cambio de época. Pero eso es precisamente lo ideológico: armar un discurso para esconder una verdad profunda. En realidad en lo que el viejo partido de Haya de la Torre ha derivado es en una maquinaria de reparto. Lo que une a los que están en el poder es su participación en un inmenso negocio, el de las privatizaciones, las concesiones, las inversiones público-privadas, las licitaciones, los contratos con el Estado, en los que existen los que deben y los que no deben ganar, y que todo esto se arregla en el plano político, donde el gran decisor es el propio Alan García.

Los dirigentes apristas que en los 80 pasaron de la clase media a la clase alta, es decir, a codearse con la elite empresarial y la tecnocracia, aspiran ahora a tratarse con la gran empresa global, aunque lo hagan con los modales de Rómulo León y Químper. Del Castillo representando al grupo Romero y ahorrando para su futuro en Miami; Garrido-Lecca con su playa privada a la que se accede por yate; Chang, socio de no se sabe cuántas empresas, etc., son los símbolos de un época, más allá del propio García que parece cada vez más una reedición de Ferdinand Marcos. Y, como no podía ser de otra manera, esto que ocurre arriba se reproduce más abajo.

La justificación, además, es sumamente clara: ¿y por qué vamos a arrepentirnos de lo que hacemos en el poder, si otros han robado antes, y los que vendrán después también robarán? La filosofía que justifica a Fujimori, que perdió el poder en el 2000, pero nos dejó bailando el baile del chino, hasta ahora.

Loading...



...

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista

Deje un comentario