La huelga de EsSalud

Alan García descubrió en la Seguridad Social una oportunidad para aumentar el número de sus inauguraciones con dinero ajeno. Así fue que empezó a poner números a los hospitales de EsSalud que iba entregando junto a sus amigos de la alta dirección, hasta que reventó el caso de la “indemnización” del presidente ejecutivo Barrios Ipenza que se declaró “despedido intempestivamente” por causa de haber sido nombrado ministro del gobierno aprista, lo que abrió la olla de grillos de decenas de casos similares y otras manifestaciones de corrupción, entre ellas la de los services de propiedad de las propias autoridades que contrataban con ellos mismos para prestarle servicios a la institución.

| 31 agosto 2012 12:08 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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El atraso salarial de los médicos de la salud pública, incluidos los de la Seguridad Social se mantuvo invariable en tiempos de García a pesar del aumento de la recaudación. Pero nada de esto detuvo al presidente en una decisión que encajaba en la peor lógica neoliberal: incorporar a EsSalud en el paquete de empresas públicas bajo control del Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado (Fonafe), cuyo nombre debería ser variado a “Fondo Nacional de Desfinanciamiento” porque no aporta nada a las empresas pero las fuerza a entregarle sus utilidades.

Pero ocurre que EsSalud no es una empresa, no genera recursos por la venta de bienes y servicios (por tanto no produce utilidades) y se sostiene con el aporte de los asegurados.

¿Con qué derecho cada año el Fonafe, a cuenta del Ministerio de Economía, ordena que la entidad de aseguramiento de los trabajadores peruanos retenga un nivel de superávit para que le sea transferido para acrecentar el valor del “no gasto anual” que tanto enorgullece al ministro Castilla?

La entrega de EsSalud al ámbito del Fonafe y la derivación de parte de sus fondos como si fueran la fracción de utilidades que le mochan a otras empresas del Estado, constituye un acto completamente injustificado, que en cierta manera podría interpretarse como un robo a las aportaciones que empresas y trabajadores hacen a la Seguridad Social.

En la huelga médica de EsSalud en este mes de agosto que me ha tocado tan directamente por mi particular estado de salud, está presente la decisión de García de amarrarle las manos al gasto de los directivos de la Seguridad Social, especialmente en la parte salarial, y el tema del superávit exigido sobre el gasto previamente programado.

Sin embargo, no se ve en las declaraciones del sindicato y el cuerpo médico el énfasis necesario para echar abajo esta anomalía estructural que entre otras cosas elimina el margen de decisión para los aumentos.

Siempre he sido solidario con las demandas de los trabajadores, entre ellos de los profesionales de la salud pública, tan mal pagados en nuestro país. Pero esta vez, disculpen, me ha tocado el otro lado de la historia que es el de los pacientes, también trabajadores, jubilados o familiares, que ven frustrarse las atenciones para las que les costó mucho tiempo lograr una cita.

Era el cuadro que veía el martes en el servicio de oncología en que no había un solo médico y decenas de pacientes en situación de alto riesgo sin saber a qué atenerse. ¿Y todo porque el gobierno no puede flexibilizar una caja que Castilla y sus amigos creen suya?

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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista