La guerra no ha terminado

La intervención de Vargas Llosa en el debate sobre el Museo de la Memoria ha dejado sin argumentos a los que hace veinte años se decían sus partidarios. Y como se exponen a que la lapidaria pregunta lanzada sobre Flores Aráoz: ¿qué hace que un hombre que no es tonto, hable tonterías?, caiga sobre muchas otras cabezas, Aldo M. ha adelantado una argumentación distinta y que pretende no ser tan descerebrada como aquello de que no necesitamos museos mientras falten escuelas (Flores Aráoz) o mejor repartimos el dinero entre los que lo necesitan (Simon).

| 11 marzo 2009 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores |  482 
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Lo que ha escrito el actual amigo de la prensa de Alan García, es que no puede haber memoria de una guerra que todavía no ha terminado. Y, claro, mete a los “remanentes” del VRAE y el Huallaga, a los que cuando quieren llaman narcotraficantes sin ideología y cuando les conviene denominan terroristas comunistas, y suman a los senderistas reciclados que “parece que han vuelto por las universidades”. Pero si la idea fuera solo esta, iría inevitablemente al campo de la tontería, porque tal vez tengamos senderistas, hijos de senderistas o embellecedores del senderismo por muchísimos años, así como narcotráfico armado y ex guerrilleros confundidos en la selva, sin que por eso se pueda decir que se trata de la misma guerra que inició Abimael Guzmán en 1980.

Pero creo que lo que quiere decir Aldo es otra cosa. Tenemos una guerra mucho más importante que la que le ganamos a la subversión, o sea que mantener el miedo al “regreso al senderismo y al terrorismo” es fundamental para ganar elecciones, mantener el modelo económico y los contratos antinacionales, cerrarle el paso a Ollanta Humala, el chavismo, las casas del Alba y cuanto fantasma sea necesario para que en el Perú no hayan cambios. No es casualidad que cuando el director de “Correo” hizo el recuento de su intervención en la campaña del 2006 lo hizo en tono de batalla: pelea casa por casa, sin tomar prisioneros, sin pascana, etc. Y es que la frase la guerra no ha acabado, es efectivamente clave para entender que el “mismo peligro”, que algunos sintieron durante el período de la violencia y que no es el simple miedo físico e inseguridad que nos afectó a todos los peruanos, sino el de ser cuestionados como el sector normalmente dominante, es el que perciben como no liquidado.

Es una guerra inmemorial la que no ha acabado, y eso justifica que no haya verdad, sino propaganda; ni memoria serena y autocrítica, sino cierre de filas ante el enemigo. Y hace pensar en cuán utópica puede ser una reconciliación en una sociedad en la que los abismos sociales y culturales que fueron el sustrato de la violencia, permanecen y se han afirmado con la experiencia del fujimorismo y la democracia aguda de esta década. Por eso no hay museo de la memoria, porque hay muchos privilegios y abusos que sobreviven por la falta de memoria.

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Raúl Wiener

Raúl Wiener

POLITIKA

Analista