La guerra de las drogas y la trampa afgana de Obama

La estrategia estadounidense de apoyo militar a los muyahidines en su lucha contra los soviéticos a fines de los setentas fue, como lo denominó Zbigniew Brzezinski, la “trampa afgana” en que sucumbieron los invasores de Afganistán.

| 10 marzo 2009 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 619 Lecturas
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Así como la invasión de Irak fue la ciénaga en que se hundió políticamente George W. Bush, los analistas coinciden en que uno de los más graves errores del recién estrenado presidente Barack Obama, además del seguidismo de las políticas de Bush como su ciego apoyo al expansionismo de Israel, la “trampa” de Obama será su decisión de escalar a los más altos niveles de violencia la ocupación de Afganistán.

Joseph Stiglitz ha dicho al respecto: “El avance en Afganistán va a costar muy caro”. Stephen Harper, el Primer Ministro canadiense vaticinó la semana pasada:”Mi opinión personal es que francamente no vamos a derrotar nunca a los insurgentes”. Incluso el propio Secretario de Defensa de la Administración Obama no se ha mordido la lengua y ha opinado: “La victoria de Estados Unidos no puede lograrse matando o capturando”.

La invasión de Afganistán fue una instrumentalización geopolítica de la “guerra mundial contra las drogas”, como es la intervención norteamericana en Colombia y en otros países. Los argumentos para justificar la invasión hace 8 años fueron tres: capturar a Bin Laden, eliminar a los talibanes y erradicar las plantaciones de amapola. Ninguno de los objetivos se han cumplido y más bien hoy Afganistán siembra 100 mil hectáreas de amapola cuando en el momento de la ocupación sólo tenía 500 hectáreas.

Pero las razones de fondo y las verdaderas eran otras: monitorear a China, Rusia e Irán y asegurar el control de las reservas de 150 mil millones de barriles de petróleo y los 230 trillones de gas del Mar Caspio.

La escalada de Afganistán es una clara señal de que la “guerra mundial contra las drogas” proseguirá cada día con más virulencia, militarizándola, instrumentalizándola con fines geopolíticos.

El reciente informe de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) que ratifica la condena a la hoja de coca como estupefaciente y al picchado como toxicomía, la militarización de la lucha contra las drogas en México, la prioridad militar que el gobierno de García ha dado al combate al narcotráfico en el Valle del Río Apurímac-Ene tienen un fundamento estratégico: las drogas son un problema de seguridad nacional y eso se combate con las armas, con más guerra.

Una guerra perdida desde el día que estalló pero que no termina nunca porque sirve como instrumento geopolítico para otros fines non santos ni tampoco altruistas.

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