La geografía del poder

La creación de los gobiernos regionales ha significado un cambio cualitativo y estratégico en la distribución del poder estatal en el Perú. Con ello se pensaba que, gracias a un mayor grado de legitimidad de gobierno, se borraría la frase “Lima es el Perú”; que, según quien la profiriera, expresaba el rencor de la provincia o la irritante vanidad de los capitalinos. Las palabras claves para desterrarla fueron “descentralizar” y “compartir”.

| 11 diciembre 2011 12:12 AM | Columnistas y Colaboradores | 5.6k Lecturas
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Las razones para descentralizar estaban maduras para la conciencia democrática peruana de los ochenta. Estaba claro que para el desarrollo de un país diverso cultural y geográficamente como el nuestro, no cabía otra forma de gobierno que uno que cediera y compartiera poder con las regiones. La irrupción sangrienta de Sendero Luminoso postergó esta decisión democrática, creando las condiciones para una mayor centralización del poder con A. Fujimori.

Alejandro Toledo y el Congreso que lo acompañó abrieron las compuertas de la descentralización. Muchos se preguntan ahora, transcurridos diez años - como se preguntaron al inicio de ese proceso- si fue o no adecuado dar ese paso. Razones no faltaban: algunos presidentes regionales emprendieron inmediatamente una agenda que colisionaba con políticas públicas generales dictadas por el gobierno nacional y, la descentralización, en lugar de producir mayor gobernabilidad la achicaba peligrosamente.

Se observa en esta experiencia peruana una suerte de efecto inverso que acompaña a la cesión de poder. Entre nosotros el poder es siempre reclamado, pero no necesariamente asumido. Por ejemplo: El Gobierno Militar de Velasco creó la comunidad industrial hoy extinta, obligando a las empresas a compartir la propiedad con sus trabajadores; sin embargo, estos últimos mantuvieron sus sindicatos. La ley universitaria otorga un tercio de poder a los estudiantes; sin embargo, subsisten las federaciones estudiantiles. El Perú ahora se organiza con un gobierno nacional y gobiernos regionales; sin embargo, son los denominados frentes de defensa los que actúan políticamente en las regiones contra el gobierno nacional y, el gobierno regional, encabeza la protesta o se pone de costado.

¿Qué hay detrás de este guión? es la pregunta que nos asalta. ¿Acaso la cesión de poder trae más dificultades que beneficios? Creo encontrar una explicación entre las muchas que podrían dar cuenta de este principio causal. Existe todavía entre nosotros una impronta de dominante-dominado en el comportamiento político de los colectivos, que nace en el hecho de que mucho más cómodos se sienten y actúan en la relación patrón –obrero, autoridad- estudiante, Lima- provincias, que con la carga de conciencia y trabajo que acarrea el asumir corresponsabilidad en el gobierno.

Muchos pensamos que emprender el camino de la descentralización era y es imprescindible y que los trompicones que hieren al país son producto inevitable de un caminar, pero que también encuentra frutos valiosos como los mensajes de los presidentes regionales del Cusco, San Martín y Moquegua que, a mi entender, fueron lo mejor de la CADE del Cusco.

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Javier Sota Nadal

Opinión

Arquitecto