La generala del neoliberalismo

No resulta extraño que los funerales de Margaret Thatcher tengan sobre todo un sesgo militar. Thatcher era, en verdad, además de política, una auténtica soldada porque siempre estaba en guerra. Sus enemigos eran el socialismo, los sindicatos y el Estado de Bienestar. Era el inicio del llamado fin de la historia.

| 14 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.7k Lecturas
La generala del neoliberalismo
MARGARET THATCHER

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No dudo que el gobierno de Margaret Thatcher marcó toda una época. Fue el inicio de la hegemonía neoliberal a nivel mundial impuesta muchas veces a sangre y fuego. De políticas que achicaban el Estado, que desregulaban el mercado, que defendían a dictadores como Pinochet y acusaban a Mandela de terrorista. Hoy felizmente ese legado está en discusión y en retroceso tanto en Europa como en América Latina.

Ahí están las imágenes: hombres y mujeres bailando en plazas públicas, descorchando botellas de vino y abriendo otras de champaña; incluso, viejos obreros del carbón, despedidos gracias a su política de privatizar el Estado y desregular la economía, hicieron una gran fiesta al conocer el fallecimiento. La pinta en una de las calles de Irlanda del Norte, territorio ocupado por los ingleses, grafica este estado de ánimo: “¿Dama de Hierro?, oxídate en paz”.
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Morrissey, el cantante inglés, resume bien el significado de esta postura: “Cada movimiento que hacía estaba cargado de negatividad: destruyó la industria manufacturera británica, odiaba a los mineros, odiaba las artes, odiaba a los luchadores de la libertad irlandeses y los dejó morir, odiaba a los ingleses pobres y no hizo nada por ayudarles, odiaba a Greenpeace y a los activistas por el medio ambiente… Dio la orden de volar El Belgrano (buque argentino) aún cuando éste se encontraba fuera de la zona de exclusión de las Malvinas… ¡y se estaba alejando de las islas! Cuando los jóvenes argentinos a bordo de El Belgrano estaban sufriendo la más horrible e injusta de las muertes, Thatcher le hizo el símbolo de la victoria a la prensa británica”. En una de sus canciones, “Margaret en la guillotina”, su opinión es aún más explícita: “¿Cuándo te mueres?/por favor, muere”.

Otro ejemplo de este tipo de opiniones es la postura del director de cine británico Ken Loach quien, echando mano de la ironía, llamó a privatizar el funeral de la Dama de Hierro. “Es lo que ella habría querido”, ha dicho en alusión a la política de privatizaciones que impulsó la que fue primera ministra del Reino Unido. Loach llega a esta conclusión tras afirmar que Thatcher fue la primera ministra británica más destructiva de los tiempos modernos:

“Es por las políticas que ella impulsó por la que estamos en el desastre actual”. La opinión de Loach es compartida por los miles de personas que han firmado una petición en la web del Gobierno del Reino Unido para que no haya funeral de Estado para la Dama de Hierro (elPeriódico.com 11/04/13). Margaret Thatcher fue, pues, una “dama de hierro” para los trabajadores y sindicatos, pero un guante blanco y aterciopelado para los ricos y banqueros ingleses quienes amasaron grandes fortunas.

Thatcher no era, por lo tanto, un personaje controversial sino más bien polar. No había término medio en las opiniones sobre ella; tampoco un consenso mínimo sobre sus posiciones. Unos la querían siempre viva y otros, simplemente, muerta. Unos le reconocían toda clase de méritos, otros le negaban todo. Por eso su muerte, curiosamente, fue celebrada por muchos ingleses.

Ahí están las imágenes: hombres y mujeres bailando en plazas públicas, descorchando botellas de vino y abriendo otras de champaña; incluso, viejos obreros del carbón, despedidos gracias a su política de privatizar el Estado y desregular la economía, hicieron una gran fiesta al conocer el fallecimiento. La pinta en una de las calles de Irlanda del Norte, territorio ocupado por los ingleses, grafica este estado de ánimo: “¿Dama de Hierro?, oxídate en paz”.

Y si bien para muchos las políticas de Thatcher son la causa principal de la grave crisis en la que hoy vive Inglaterra, creo que su principal herencia o legado fue la derrota de la clase obrera en ese país o lo que el joven escritor inglés Owen Jones ha llamado, en un reciente libro, que es un boom literario en Europa, la “demonización de la clase obrera”.

Para Owen el thatcherismo logró que “la pobreza y el paro ya no son percibidos como problemas sociales, sino en relación con los defectos individuales: si la gente es pobre, es porque es vaga. ¿Para qué tener entonces un Estado del Bienestar?” Sin embargo, lo más importante, como dice el propio Owen en una entrevista reciente, es lo siguiente:

“El partido conservador proclamó en 1976 que el problema no es la existencia de clases sino la existencia del sentimiento de clase. Quienes dicen que el concepto de clase es un dinosaurio son los más interesados en negarlo porque saben bien que cuando se habla de clase se está hablando sobre quién tiene poder y riqueza. Conviene decir que ‘todos somos clase media’ incluso cuando la concentración del poder en este país ha llegado a niveles victorianos. Un informe de la ONU ha sugerido que Reino Unido es la sociedad menos igualitaria del mundo desarrollado. Por eso, los periodistas ricos y los políticos acomodados no quieren hablar de clase”. Es una sociedad sin clases y sin conflictos.

No dudo que el gobierno de Margaret Thatcher marcó toda una época. Fue el inicio de la hegemonía neoliberal a nivel mundial impuesta muchas veces a sangre y fuego. De políticas que achicaban el Estado, que desregulaban el mercado, que defendían a dictadores como Pinochet y acusaban a Mandela de terrorista.

Hoy felizmente ese legado está en discusión y en retroceso tanto en Europa como en América Latina. Aquí, por ejemplo, nos quieren convencer que finalmente hemos entrado al nuevo reino de la clase media, como dice Owen. Y eso, cuando menos, amerita ser discutido. Porque la lucha y los intereses de las clases existen; como también la izquierda y la derecha, es decir “e pur si muove”, si no pregúntenles a los ingleses.

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Alberto Adrianzén M.

Disonancias

Parlamentario Andino