“La Foquita” de los goles

Cuando era chibolito y ya hacía diabluras en las canchitas pobres de Villa El Salvador, Farfán soñaba con hacerle goles a Argentina. Ahora está en las mismas y quiere lanzar un grito de triunfo frente a los pelucones del Río de La Plata.

| 10 setiembre 2012 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 874 Lecturas
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Está como ese caballo en el partidor, con el ceño fruncido y la atención en el partido. “La Foquita” está en su mejor momento después de tantas decepciones y desengaños. Quisiera ya que el encuentro fuera hoy mismo para que esas ganas de saltar a la palestra no se le enfríen. Es posible que le esté pidiendo a Dios ser el elegido para hacer los respectivos tantos al escuadrón de la pulga millonaria de botines de oro. Farfán dice no tenerle miedo a Messi, y quiere verlo sufrir. Huérfano de cariño paterno y hechura fina de una madre coraje, este potrillo empezó muy nene en el Municipal. A la edad de 14 años ya estaba en Alianza Lima, y a los 16 debutó en la profesional cosechando aplausos desde el principio. Desde ahí la historia es conocida. Algunos optimistas lo llaman el sucesor de Cubillas. Le falta mucho a sus 27 años de edad. Sin embargo, hay en el Farfán de ahora un motor que resuena como en un auto de carrera. Si el platudo de Pizarro se contagiara al menos un poco de su coraje quizá podamos evitarnos algunas vergüenzas mañana en la noche. Ganarle a Argentina es tan difícil como animar a Pizarro; pero en el fútbol, como en la política, puede haber sorpresas. En el juego de la vida, Farfán soporta ahora los reflectores que acunan el deseo deportivo de millones de peruanos hambrientos de un triunfo. Es la esperanza de un país futbolero que pintará el estadio de rojo y blanco. Cuando era un potrillo con gesto de foquita de calles peloteras, los entendidos decían que podía ser grande. No es extraordinario, lo sabemos, porque dos goles a Venezuela no son para tanto; pero “La Foquita” está ahí como el arma mortal de un equipo que necesita armas de todo tipo para quitarle puntos al equipo argentino hambriento de todo. Conformarse es malo, por eso dejar en la cancha hasta lo que no se tiene es un deber, no solo de “La Foquita” sino de todos. Todos los puntos son bienvenidos y el punto está en ser como Farfán ante Venezuela.

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