La energía más cara

El término energía saltó de los claustros universitarios al lenguaje popular en los años setenta, con la guerra del Yom Kippur que precedió al primer embargo petrolero y trajo la primera subida brusca de los precios del petróleo. Fue la época en que nacieron el Ministerio de Energía y Minas (MEM), Petroperú y Electroperú. El sector energía se consideraba estratégico, porque sin energía el país se paralizaba.

Por Diario La Primera | 15 jul 2008 |    

La época acuñó un par de frases, que sintetizaban la visión: “Energía en manos del Estado, es poder en manos del Estado” y “La energía más cara es la que no se tiene cuando se necesita”. Lo último es tan cierto que el dimensionamiento del aparato energético se hace en base al costo de falla, que es el de no tener energía y que es unas veinte veces mayor al de producir energía.

El desarrollo de un país es tan dependiente de su suministro energético, que un sistema energético nacional se estructura y dimensiona de forma que el suministro no se interrumpa ante: (i) contingencias simples, como fallas intempestivas en la generación o en la transmisión; (ii) situaciones periódicas previsibles, como años secos; y (iii) cuente con cobertura holgada para atender el crecimiento de la demanda.

Lo anterior se logra mediante equipamiento de reserva.

La tarea existencial del sector energía es asegurar el abastecimiento energético. El MEM vigila y se adelanta a los hechos, porque sin energía suficiente, el desarrollo del país se frena. Una crisis no se gesta ni tampoco se supera de la noche a la mañana. Se incuba durante unos 5 años y difícilmente se supera antes de 3. Comenzamos en el 2003; difícilmente saldremos antes del 2011. La última oportunidad de evitarla se dio el 2006.

Partimos con una crisis de precios eléctricos. Seguimos con la congestión de la transmisión en el norte y luego en el sur. Encima, empresas estatales, haciendo oídos sordos, trasladaron a Lima equipos que, ante la crisis en marcha, eran vitales para sus regiones. En mayo llegó la congestión del gasoducto de Camisea. El paso final sería el racionamiento eléctrico, que ya se presenta en forma encubierta.

Desde el D.U. 007-2004 hasta el reciente D.S. 037-2008-EM, pasando por cambios en la Ley, se ha tratado de detener - sin éxito – una crisis avisada, cuya raíz es gestión. Se ha ensayado un sistema para que llueva de abajo hacia arriba, pero las leyes del hombre no han logrado convencer a la terca naturaleza. Estamos de nuevo en el juego de los subsidios de los 80.

El D.S. 037-2008-EM, temerariamente, suspende - sin nuevos límites - hasta fines del 2009 la vigencia de la norma de calidad eléctrica, porque reduciendo el voltaje, los focos alumbrarán menos y se consumirá menos energía. Cierto, pero no se debe se olvidar que la calidad resguarda la vida de los aparatos eléctricos y electrónicos de los consumidores.


    Carlos Herrera Descalzi

    Carlos Herrera Descalzi

    Opinión

    Columnista