La empatía ausente

Metidos en sus veloces 4x4 pajísimas de lunas polarizadas, idiotizados con sus Ipod o sus celulares fichos desde donde lanzan compulsivas llamadas a sus amanuenses, elegantemente enfundados en trajes caros que copian del jet set, lindos ellos, los poderosos pasean sus robustas humanidades por un Perú inexistente, maravilloso y triunfal, sin saber un carajo del Perú real, maltrecho, sucio y empobrecido que los rodea, pero no los toca.

| 18 octubre 2009 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 782 Lecturas
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Sus cuentas pagadas antes de la fecha, sus abultadas billeteras, sus pantallas planas inmensas, sus palacetes con servidumbre incorporada, viajes y demás bienes acumulados con la avaricia que prodiga el éxito y la coima, los hacen creer que de verdad son grandes y geniales y los dejan huérfanos de empatía con las mayorías.

Vista la cosa desde las esferas de un poder incapaz de ponerse en los zapatos del otro, todo es una maravilla, el país avanza, la desnutrición disminuye, el empleo crece, las obras fluyen, la miseria fue, la salud está garantizada, entonces como todo está resuelto, los que se quejan no pueden ser otra cosa que unos dementes.

-Dígame licenciado, ¿y los pobres?

-Ah, mi pequeño saltamontes, esos son ociosos, y encima, brutos. .

Cuenta mi hermano Óscar en una de sus novelas que en 1821, cuando se declaró la independencia, la Lima pobre continuaba su triste vida de arrabal casi sin enterarse de las gestas libertarias y dice mi amiga Toli que cualquier verdad depende de cómo la vive el que la cuenta.

El divorcio entre los que gobiernan y los gobernados es congénito en el Perú, los intereses del poder van por un carril distinto, y hasta opuesto, a los del peruano común.

Esta esquizofrenia entre discurso oficial y expectativa popular hace que mientras el Perú ocupa uno de los cinco primeros lugares en desnutrición crónica infantil en la región, el señor García despeñe un floro pro desarme que, mientras la muerte en nuestras carreteras es moneda corriente, el ministro Cornejo endulza a la platea con la televisión digital y que, mientras los trabajadores se pauperizan con sueldos de miseria, el jefe de la Confiep diga que lo que falta es… información.

Un funcionario de la FAO dijo hace unos días que superar el hambre es mucho más sencillo de lo que se cree. Crear empleo, combatir la corrupción, revolucionar la educación, el transporte, la salud, también debe serlo. ¿Lo harán nuestros arrogantes gobernantes o tendremos que rogar al Cristo Morado para llegar rápido al 2011?


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Rosa Málaga

Crónicas pasajeras