La elección de Maduro

La campaña electoral de la derecha venezolana se desarrolló bajo la fórmula: Maduro no es Chávez. Pero lo que se decía hasta hace algunos meses era que Chávez era lo peor del mundo y que bien valdría darle un golpe de Estado como en el 2002 o meterle un tiro. Pero ahora Maduro no llega a Chávez. Y efectivamente no llega, de ahí el resultado mucho más apretado del 14 de abril respecto al del 7 de octubre. Pero igual perdieron, por menos, pero no pudieron contra alguien que está lejos de Chávez y eso que el comandante muerto era lo peor del mundo.

| 16 abril 2013 12:04 AM | Columnistas y Colaboradores | 975 Lecturas
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Es verdad que la nueva elección plantea grandes retos para Venezuela y el chavismo que ahora, sin su líder natural, tendrá que enfrentar el deterioro económico y la fuerte polarización del país y que eso va a llevar a decisiones dramáticas las siguientes semanas y meses. Ahí es donde debe emerger un liderazgo nuevo, probablemente mucho más colectivo. La hora difícil le llega al chavismo sin Chávez y esa será la medida de fuerza histórica. Pero la oposición no sabe si alegrarse porque se acercó demasiado a la mitad de los votos válidos o si ejecutar el Plan B, que implica deslegitimar las elecciones y negar el resultado.

Apenas proclamadas las cifras oficiales los seguidores de Capriles se movieron en las dos direcciones: tratando de minimizar la victoria chavista por lo estrecho de la diferencia y de tomar la voz por media Venezuela, y al mismo tiempo asegurar que había habido fraude echando sombras sobre el Consejo Electoral y el gobierno, sino sobre su propia cosecha de votos. Es más o menos lo mismo que se vio en la orientación de las campañas del 2012 y el 2013, la primera buscando evitar el choque con el presidente-candidato y asegurando que su oferta incluía mantener las reformas de los últimos quince años, y la segunda exacerbada en extremo como si se quisiese transmitir la idea de que la derecha y los sectores privilegiados venían por la revancha.

Si hay que explicar la continua derrota de la oposición venezolana tal vez la clave esté en la coexistencia de dos temperamentos o si se quiere dos tácticas políticas: la de presentar su propuesta como una mera moderación del chavismo, a tono con el izquierdismo light que se observa en otros países (Capriles se declara como un nuevo Lula), y la de apuntar al desorden y a la desestabilización. A veces estos dos tonos se perciben en la misma persona, ya que Capriles fue candidato en las dos elecciones con mensajes diferentes. Y, como dicen las noticias, el domingo por la noche ya andaba reuniéndose con sectores militares, cuando algunos de sus partidarios gritaban fraude. Así comienza un nuevo período de lucha.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista