La parte dura del balance

La lección más amarga de la revocatoria es que Fuerza Social nunca fue una fuerza y menos social, pero imaginó que una victoria que le cayó en las manos era una demostración de que su propuesta de ser los nuevos de la izquierda había llegado a los electores. Esto le hizo olvidar el desastre del 2006 cuando rasparon el 0.5% y persistir en el concepto de que representaban una nueva tecnocracia capaz de asegurar un buen gobierno.

| 23 marzo 2013 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 743 Lecturas
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Nada de esto fue cierto y la factura que se le ha pasado al partido de las chalinas verdes es alta, no solo por los regidores revocados sino por el injusto trato al que fueron sometidos en el proceso que culminó el 17 de marzo.

Para las elecciones municipales de 2010, el partido de Villarán pareció revalorar su posición de distancia respecto al resto de la izquierda e hizo una confluencia amplia, la que sin embargo entró en crisis cuando la lideresa se desembarazó de su aliado Patria Roja en el camino a las presidenciales.

Desde ahí la posición de Fuerza Social ha sido ambigua respecto a si caminar o no al lado de la izquierda, o si asumir la condición de acompañante del centroderecha democrático.

La izquierda fuera de Fuerza Social ha sido generosa en su apoyo sin condiciones a la alcaldesa, en el trabajo de bases, en las organizaciones sociales, en la obtención de recursos, pero eso se ha hecho muy poco visible en los mítines de cierre y victoria en los que los agradecidos eran los de otros partidos, algunos de los cuales se limitaron a decir que eran del No y después no hicieron nada.

La idea tecnocrática, a su vez, tiene la misma raíz que la que domina al Perú desde los años 90: solo que una cosa es quedarse con el staff neoliberal que ya estaba metido en el Estado, como hizo Ollanta, que insistir en su propio equipo como intentó Susana, lo que en medio de los ataques le hizo imagen de amiguismo que dañó su gestión.

La derecha, por supuesto, dice que el problema era que no se quedó con los anteriores gerentes, cuando lo que faltaba era liderazgo, es decir conductores directos con vínculos sociales, y no meros profesionales detrás de sus escritorios.

Finalmente, si es cierto como dice Sinecio López, que lo que manda es la política, la pregunta inmediata es qué política le va a seguir a un resultado como el del último domingo. ¿Se lanzará la alcaldesa a recuperar los conos no solo con obras sino con movilización social?, ¿o irá a un reparto de gerencias con el PPC o independientes para administrar las grandes inversiones? La respuesta está por verse.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista