La duda de La Doña

La Doña de los ojos tristes se ha comprado zapatos nuevos, un vestido de gala, una cartera que hace juego con sus zapatos, joyas de piedras preciosas y todo tipo cosas porque quiere ir vestida como una reina de las mejores a la fiesta donde puede ir ese hombre flaco como un palo que, de cuando en cuando, la perturba con su presencia fantasmal, con su presencia de enamorado perpetuo.

Por Diario La Primera | 23 julio 2012 |  694 
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Sin embargo, en algunos momentos cuando está sola en su cuarto y recuerda todas las cosas feas por las que ese hombre le hizo pasar, la Doña de los ojos tristes dice que “mejor no voy”, “verlo me malogrará el ánimo”, “se le ocurrirá hacer alguna tontería”.

La Doña de los ojos tristes, antes de vivir con el hombre que dice amar, por una u otra cosa, por uno que otro malentendido, rechazó innumerables veces al hombre enamorado y siempre creyó que había hecho lo correcto; pero, de cuando en cuando, vuelve a lo mismo: pensar con amor en aquel hombre triste entregándole una rosa roja bajo los árboles añejos de Santa Catalina.

Ahora está totalmente confundida en su dormitorio. Está vestida ya como para la fiesta, que erá todavía de aquí un tiempo. Está tan confundida que a veces le gustaría decirle al hombre que dice amar que esa presencia gris de los viejos tiempos, la perturba.

“Dios, quiero sacarme a este hombre de la cabeza”, piensa. “Por favor, Dios, permite que me enamore del hombre que vive conmigo bajo este techo y olvide por fin al otro para siempre”, cavila.

En el espejo ve a una mujer agotada y gorda, ve a una mujer que no supo elegir y llora. “Debe ser que Dios me está castigando por algo”, dice y entra en una confusión como a un laberinto y la duda crece, se hace tan inmensa que no la deja pensar. No sabe si ir a la fiesta vestida para él o quedarse en casa en el marasmo continuo de los días que pasan junto a un hombre que dice amar pero que en realidad no ama. Tampoco no ama al hombre sombrío que verá en la fiesta y otra vez entra en el laberinto de la confusión. “Maldita sea”, dice.

Referencia
Propia

    El Escorpión

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    elescorpion@diariolaprimeraperu.com

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