La delincuencia juvenil: el caso Gringasho

Gringasho centralizó los focos mediáticos al comienzo del año al haber protagonizado una fuga, junto a otros jóvenes infractores, del Centro de Rehabilitación, conocido como “Maranguita”. El jefe del Instituto Nacional Penitenciario, José Luis Pérez Guadalupe, señaló sensatamente que Gringasho no podrá ser recluido en un centro penitenciario, pues hay convenios internacionales suscritos por el Perú que lo prohibirían. No obstante, lo que casi nadie quiere aceptar es que Gringasho no nació infractor sino que se convirtió en tal. Esto señala, una vez más, que un abordaje serio al fenómeno de la delincuencia juvenil debe ser hecho desde la interdisciplinariedad.

| 12 enero 2013 12:01 AM | Columnistas y Colaboradores | 4.5k Lecturas
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Desde la criminología podemos decir que las conductas antisociales adolescentes no implican necesariamente el inicio de una carrera delictiva, pues es posible diferenciar entre la conducta antisocial y la delincuencia juvenil. De otro lado, no existe en el ámbito sociológico un prototipo de infractor, pues en la mayoría de veces la edad, la procedencia social, el modelo educativo, etc. del infractor sobrepasan los modelos. De ahí que ahora se hable de un conjunto de factores de riesgo que indicarían las condiciones cuya conjunción sería criminógena.

Los programas escolares son en su mayoría de mala calidad y favorecen el fracaso escolar. Si bien la fórmula de la familia tradicional está perdiendo terreno frente a la monoparentalidad no puede dejarse de mencionar a la disfuncionalidad familiar como un eventual factor criminógeno, junto a los padres delincuentes, el maltrato infantil, el abandono paterno, etc.

El insuficiente control de las relaciones amicales de los menores por parte de los padres y de la escuela permite la exposición a las “malas influencias”. La carencia de espacios públicos de cultura y de deporte fomenta los malos hábitos recreacionales: programas televisivos sobreerotizados, videojuegos violentos y agresivos, acceso desregulado a internet.

Así, en el Perú la pobreza y el origen familiar disfuncional de muchos menores actúan como factores criminógenos. El fácil acceso a las drogas y a las armas, así como la temprana exposición a la violencia de estos menores por parte de los medios de comunicación y la deserción escolar lleva a que los débiles mecanismos de inhibición de conductas se flexibilicen y a que los menores encuentren la comisión de infracciones como una manera más «viable» de supervivencia.

Los menores, rechazados por sus propias familias, por el sistema educativo que castiga sus comportamientos “antisociales” en lugar de brindarles un tratamiento psicológico adecuado a sus necesidades, por la sociedad que los estigmatiza, por el mercado que los excluye del campo laboral, acaban convirtiéndose en infractores. Ante ello el Estado, lejos de brindarles una alternativa de vida, los reprime. Estamos seguros de que Gringasho tiene una historia personal que no está alejada de esta realidad.

*Congresista de la República y exjefa del INPE.


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