La defensa nacional, la diplomacia y la no agresión

La propuesta de suscribir un pacto de no agresión, como si existiese un casus belli, ha sido fuertemente rechazada por Chile e ignorada por el resto de países de la región. La casi airada reacción chilena ha sido excesiva, en leguaje freudiano una suerte de parapráxis diplomática. La iniciativa, por su lenguaje y sobre todo por no haber sido antecedida por consultas diplomáticas mínimas, no fue lanzada para tentar su concreción, sino para agitar el ambiente.

| 05 octubre 2009 12:10 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.2k Lecturas
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La reacción normal de Chile debió ser como el resto de la región: en la medida que era sólo una declaración pública y no una iniciativa diplomática ( no hay un texto, por ejemplo, por mínimo que sea), no cabía pronunciarse sobre ella. La sobre excitación de la diplomacia chilena dio a la iniciativa peruana un vuelo político alto, sin tener aterrizaje diplomático alguno (la cancillería no ha presentado un proyecto para ser negociado en ningún ámbito).

Lanzar una idea propia de los años 30 del siglo pasado ( el 14 de septiembre de 1936 , Alberto Ulloa negoció y firmó con Bolivia para la época un muy significativo “Pacto General de Amistad y No Agresión”), era escoger el camino equivocado para plantear la indispensable necesidad de convenir con Chile un acuerdo formal para renunciar en las relaciones bilaterales al uso o la amenaza del uso de la fuerza.

El pacto de no agresión, a partir de 1945 en que el derecho internacional prohíbe la guerra , está consagrado en el Art. 1 de la Carta de la ONU, el Art. 3 de la Carta de la OEA, el Art. 1 del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca y el Art. 1 del Pacto de Bogotá. En todos estos instrumentos multilaterales el Perú, Chile y todos los demás estados signatarios han pactado un compromiso de no agresión.

La resolución 3314/XXIX de la Asamblea General, aprobada en 1974, ha definido la agresión como el uso de la fuerza armada por un Estado contra la soberanía, la integridad territorial o la independencia política de otro Estado y establece que el agresor es aquel que inicia el uso de la fuerza armada.

La defensa nacional del Perú debe sustentarse en un doble potencial: el jurídico-diplomático y el militar. Nunca el primero puede sustituir enteramente al segundo. Son complementarios y mutuamente funcionales. En los actuales momentos y siempre, el Perú debe tener una estrategia nacional de defensa no ofensiva, que ineludiblemente debe sustentarse en un poder militar disuasivo. Si el poder militar no es disuasivo, la defensa no tiene objeto útil. Simultáneamente, el país debe desplegar su potencial jurídico-diplomático para sancionar cualquier agresión y para distender.

El pacto multilateral de no agresión que ya existe, hay que complementarlo con un acuerdo bilateral con Chile, de renuncia al uso o a la amenaza del uso de la fuerza, como lo tienen Chile y Argentina. Sería una medida de fomento a la confianza propia del siglo XXI.


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Manuel Rodríguez Cuadros

Opinión

Columnista