La CVR y la enseñanza en los colegios

1.- Hay quienes opinan que la enseñanza en los colegios de lo sucedido durante los años de lucha contra la violencia terrorista en el país no tiene mucha importancia. Hasta consideran que lo mejor sería pasar la página, ya que el olvido o el silencio es la mejor cura para superar los traumas y malos recuerdos. Son los que se oponen a que en los textos de enseñanza se incorporen las conclusiones más importantes del Informe Final de la CVR.

| 12 marzo 2012 12:03 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.8k Lecturas
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Consideran que las conclusiones de la CVR expresan un punto de vista sesgado ideológicamente, en contra de las FFAA y condescendiente con el terrorismo. A estos sectores habría que recordarles que dos de las más grandes figuras intelectuales del país, y que sí han leído el Informe Final de la CVR, nos referimos al padre Gustavo Gutiérrez, uno de los creadores de la Teoría de la Liberación, y nuestro insigne escritor Mario Vargas Llosa, aunque desde distintas posiciones ideológicas, consideran indispensable su enseñanza no solo en nuestros colegios y universidades, sino también en los institutos armados.

2.- Sin embargo, pocos han reparado que la polémica en cuestión también abarca otros ángulos y preocupaciones. Por ejemplo, el porqué Sendero Luminoso logró desarrollar su principal labor proselitista en las facultades de educación de las universidades del interior del país. Y que en las zonas rurales donde logró conseguir un mayor asentamiento estratégico, las escuelas primarias, incluidas las unidocentes, fueron por lo general centros de adoctrinamiento a favor de sus tesis y puntos de vista.

Fue Carlos Iván Degregori, comisionado de la CVR, el que supo ilustrarnos acerca de la simbiótica relación entre la educación rural y la ideología senderista, y que comprendía:

a) El método autoritario en la enseñanza, que sostenía que lo dicho por el profesor era verdad indiscutible, y que no se aceptaba, se reprimía, cualquier duda o cuestionamiento por parte de los alumnos.

b) El carácter simplemente repetitivo, muchas veces literalmente, de las ideas y conceptos, y hasta ejemplos, de los contenidos en los textos de enseñanza. De ahí, las clases por lo general se reducían al dictado del profesor y al copiado en los cuadernos por los alumnos. En no pocas escuelas, era el profesor el que copiaba en la pizarra el texto del libro que el alumno a su vez debería copiar en su cuaderno.

c) El culto a la supuesta verdad que estaba contenida en los libros, o en los dictados del profesor. Así, si se quería aprobar, y con buena nota, lo mejor era tratar de repetir lo más fielmente lo dicho por el profesor.

De esta manera, el senderismo aprovechó de este “método pedagógico”. Así, para sus militantes, lo dicho por el “presidente Gonzalo” no podía ser cuestionado, y aquel que se atrevía era sancionado y vilipendiado; las citas extraídas de los libros de Marx, Lenin y Mao (seleccionadas por Guzmán) eran obligadas a memorizar y a repetir la interpretación dada por él.

Por último, ahora se comprenderá porqué de la necesidad de Guzmán de querer entronizar el “pensamiento Gonzalo”. Creía, en su extraviado fundamentalismo, que el marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento Gonzalo iba a ser de lectura obligatoria en su “sociedad de permanente armonía”, la sociedad comunista mundial.

Modesto, lo que se dice modesto, no era ¿no?


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Carlos Tapia

Opinión

Columnista