La crisis de la Justicia

La forma como está concluyendo el período del Dr. César San Martín en la presidencia del Poder Judicial, sirve para pensar en la profundidad de la crisis de esta parte del Estado y de lo lejos que estamos de encontrar vías de salida a la corrupción y a la falta de compromiso de los magistrados con una recta administración de justicia que represente una garantía para todos.

| 02 mayo 2012 12:05 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.4k Lecturas
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Puede que San Martín tenga razón acerca de que sus antiguos lazos con el más poderoso banco del país no ha influido en sus decisiones, pero lo cierto es que las revelaciones sobre su condición de apoderado de dicha institución financiera, que no fue retirada en todos los años en que permaneció en la Corte Suprema y su intervención en algunos casos referidos al mismo banco, lo han puesto a la defensiva y de ahí ya no va a poder salir en los meses que le quedan en su actual posición.

La virtual rebelión de Villa Stein y Mendoza, dos de los vocales más influyentes, uno expresidente de la Corte Suprema y otro jefe de la OCMA, señala que el tiempo en que nadie se atrevía con el juzgador de Fujimori ha terminado. Esto no es una buena noticia si recuerda que César San Martín llegó al nivel más alto de la Justicia peruana como una especie de aval moral. Quizás con un alto grado de exageración se pensó que la severa condena al dictador daba la pauta de un nuevo concepto de la justicia que se atrevía con personajes poderosos. La verdad es que no pasó nada. En casi año y medio, los jueces siguieron siendo reyecitos en sus respectivos ámbitos, los vocales superiores y supremos no hicieron ningún gesto por cambiar viejas prácticas. Los poderosos del dinero y la banca, siguen mandando en los tribunales que a pesar de dictar órdenes para que se provea información y se responda a cuestiones fundamentales, no contestan pero igual ganan los juicios, con increíbles maniobras judiciales como ignorar pruebas presentadas, desaparecer documentos o simplemente anular sentencias para forzar un eterno proceso.

En el tiempo de César San Martín se han presenciado procesos penales que logran superar la imaginación de Kafka: condenas mediáticas como la de Abencia Meza y la dilatada prisión de las chicas Bracamonte y Castro Manarelli, sin pruebas reales sobre su supuesta participación, y libertades y tratos más que discutibles en los casos de parricidas probadas como Llamoja y Espino, no por casualidad con padres jueces o fiscales. Otros casos de falsas acusaciones de narcotráfico como la que sufre el señor Rolando Heysen por un complot del general Hidalgo en tiempos de Alan García que los jueces han avalado a pesar de las evidencias. ¿Ha estudiado estos casos el Dr. San Martín y ha sacado alguna conclusión sobre lo que está pasando?, ¿nos ha hecho sentir aunque sea un poco más confianza en la imparcialidad, seriedad y limpieza de los administradores de justicia?

Ahora que ya está casi de salida el juez que tuvo el coraje de hacer leer un documento en el que declaraba como probados los crímenes del régimen de los 90, tal vez se esté preguntando por qué le faltó ese mismo empuje para hacer una gestión histórica al frente de todo el sistema judicial. Es verdad que no es el único y que estamos viviendo una época de oportunidades perdidas y de héroes de barro a los que les queda grande el desafío.


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Raúl Wiener

POLITIKA

Analista