La crisis de la ciencia económica

Lo primero que hizo la Reina Isabel II, al entrar al London School of Economics (LSE), fue preguntar por qué los economistas no se habían dado cuenta que el sistema financiero global iba a colapsar.

| 22 setiembre 2009 12:09 AM | Columnistas y Colaboradores | 1.1k Lecturas
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La Reina no recibió ninguna explicación, solo la excusa, algo narcisista, de que “falló la imaginación colectiva de mucha gente brillante.” La cierto es que los economistas del LSE, sus colegas “brillantes” de otros prestigiosos centros de estudios económicos, los del FMI y los del Banco Mundial, no solo fallaron frente a esta crisis global, sino frente a todas las otras crisis financieras regionales que la precedieron: la de México, la de los tigres del Sudoeste de Asia, la del Brasil y la de Rusia. Meses después que los economistas del LSE perdieran la cara ante su monarca, Alan Greenspan, ex-presidente de la Reserva Federal, gurú de la libertad financiera irrestricta, sentado ante el Congreso de los Estados Unidos, confesó: “que había encontrado una falla en los fundamentos de su conocimiento económico”.

Hace poco, los premios Nobeles Paul Krugman, Joseph Stiglitz, Robert Solow, George Akelof han admitido, en sendos artículos, que la economía es una disciplina que tiene serios problemas epistemológicos para enfrentar la realidad y predecir situaciones. Y que, en consecuencia, necesita una revisión de sus fundamentos.

En efecto, la ciencia económica esta preñada más de creencias que de evidencias científicas. Como los alquimistas que creían en la piedra filosofal, la mayoría de los economistas de los grandes centros financieros del mundo creen todavía que el mercado nunca falla, tiene una función deus ex-machina, que le permite corregirse y continuar creando riqueza.

Esta creencia desconectó la economía de la realidad hasta el extremo de permitir operaciones especulativas riesgosas, encapsuladas en elegantes formulas matemáticas, que producían ganancias nunca vistas. La especulación racionalizada por las matemáticas crearon un gran casino global con una serie de novedosas invenciones financieras, muy riesgosas, como los Derivados, la Segurization, los Credit Default Swaps (CDS) y Subprime, que terminaron por hacer colapsar Wall Street y el sistema financiero global.

La otra gran falla científica de la ciencia económica es su insensato culto al crecimiento perpetuo del Producto Bruto Interno. El problema es que el PBI crece pero el planeta no.

Mientras el PBI no sea reemplazado por un nuevo indicador que descuente la destrucción ecológica, ésta no cesará. Y entonces, en un futuro, no muy lejano, como consecuencia del recalentamiento del planeta, en vez de medir la riqueza de las naciones, estaremos midiendo la inviabilidad de las naciones.

Hoy para saber hacia donde va nuestra civilización se necesita conocer más ciencia ecológica que “ciencia” económica. Tal vez se necesite una nueva disciplina, una suerte de “econología” que haga compatibles a las dos.


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