La crisis amazónica y la lección nunca aprendida

Para contener el maremoto de la crisis económica mundial que ya está inundando nuestras playas, el presidente Alan García acaba de anunciar una campaña denominada ‘Cómprale al Perú’ y, muy orondo, ha invocado a todos los peruanos a “a dar una respuesta fundamental: para ayudar a la patria, hay que comprarle al Perú”.

Por Diario La Primera | 12 ene 2009 |    

Millones de peruanos, especialmente los hombres y mujeres del campo, deben haber sonreído, incrédulos, ante este pedido del jefe de Estado que prácticamente ha entregado nuestro mercado interno a la importación subsidiada con el TLC y ha debilitado hasta la agonía al 95 por ciento del agro peruano que produce el 75 por ciento de la alimentación de los peruanos con la eliminación arancelaria que ha hecho ganar a los oligopolios que importan alimentos más de 500 millones de dólares.

El comportamiento del presidente García se parece como una gota de agua a las decisiones y los gestos de Augusto B. Leguía de las vísperas del crack de 1929: ensoberbecido, sordo y ciego a las señales de la hecatombe que se veía venir, se hizo la ilusión que las vacas gordas de los precios de las materias primas, especialmente del algodón, durarían para siempre y gobernó para los intereses extranjeros y sus ricos aliados nativos.

El caucho llegó a ser una de las primeras exportaciones peruanas a principios del siglo XX y los barones caucheros, que importaban hasta los cajones de madera para embalar las bolas de caucho y hacían lavar su ropa en Londres, jamás tomaron previsiones intentando una diversificación productiva y alguna transformación de la materia prima. Soñaban que los buenos precios del látex eran eternos. El Estado cuando no estaba ausente era un convidado de piedra. Los ingleses que se robaron las semillas de caucho y los sembraron en sus colonias de Asia convirtieron el sueño en pesadilla copando el mercado mundial con caucho producido en plantaciones, mano de obra esclava y, por tanto, a precios de ganga.

Hoy en día la Amazonía ha entrado otra vez en una nueva crisis. La actividad maderera está paralizada; la exportación de castaña también. El canon petrolero desciende aceleradamente. Sólo hace un año, el pie tablar de caoba costaba diez soles, pero nadie invirtió en tecnología para su transformación industrial. Los gobiernos regionales siguen gastando en infraestructura y casi nada en educación, salud, ciencia y tecnología.

En el Perú, los políticos y los empresarios primario-exportadores parece que nunca aprenden las lecciones de la historia.


    Róger Rumrrill

    Róger Rumrrill

    En el ojo de la tormenta